Armando Carrillo una vez detuvo la mano de Elvis Presley.
Carrillo, un nativo de Tucsón quien encontró la fama como el mariscal de campo de los Badgers de Tucson High School, fue el comandante de la estrella del rock en Ft. Hood, Texas. Un día durante su entrenamiento, Presley, quien fue reclutado en 1958, se lastimó la mano.
Carrillo tomó la mano de Presley, la examinó, y declaró al tipo famoso por sus caderas apto para servir.
Esa es una historia que a Carrillo le encantaba contar a sus amigos y conocidos. Pero entre su círculo de amigos cercanos y familiares, se le conocía por mucho más que su contacto con el Rey.
Carrillo, quien falleció el 24 de julio a la edad de 88 años, era un coronel jubilado que se convirtió en maestro, dio clases de educación especial y fue entrenador de fútbol americano en Amphitheater Junior High School. Era un descendiente de una de las familias pioneras de Tucsón y el nieto del fundador del Rancho La Cebadilla ubicado al pie de las Montañas Rincon.
“Estaba muy orgulloso del legado familiar”, dijo su hija, Carla Carrillo Otterson. “Además de ser un Tucsonense de tercera generación, contribuyó bastante a la comunidad.”
Su padre formó parte activa de la Fundación de Tucson High School. Es parte de la sala de la fama de la preparatoria y fungió como presidente del club de alumnos “T”, por medio del cual recaudó fondos para apoyar a la escuela y sus estudiantes.
El servicio a la comunidad y al país era uno de sus valores.
Después de graduarse en 1945, Carrillo entró al ejército y sirvió en las Filipinas. En 1951, se casó con Rachel Sepulveda, de Ft. Huachuca en Sierra Vista, y regresó a casa donde obtuvo una licenciatura en la Universidad de Arizona en 1953. Aunque había dejado el servicio militar, Carrillo regresó y participó en la Guerra de Corea, después se encontó en Ft. Hood con Elvis.
Unos años después sirvió en Vietnam durante la guerra y estuvo destacamentado en Alemania y en la zona del Canal de Panamá. Se jubiló del ejército en 1975 y regresó a Tucsón con su esposa e hijos, Robert y Carla.
Se matriculó por segunda vez en la universidad y obtuvo una maestría, lanzando así su carrera como educador que duró 12 años.
Pero su verdadero sueño era haber sido vaquero, comentó su hija.
“Siempre contaba historias de haber crecido en el rancho”, platicó Carrillo Otterson.
El abuelo de Carrillo, Eduardo Carrillo, fundó el rancho ganadero – ahora La Cebadilla Estates – cerca de las calles North Wentworth y East Redington. Carrillo empezó el rancho después de registrar la marca “EC” en 1887.
El apellido Carrillo ya estaba bien establecido en Tucsón. Leopoldo Carrillo, el tío de Eduardo Carrillo, llegó a Tucsón de Sonora a final de la década de 1850, después de que Tucsón se incorporó a los Estados Unidos.
Leopoldo Carrillo era un empresario. Creó Jardines Carrillo en la avenida South Main. Los tucsonenses podían rentar botes de remo y flotar en los estanques de manantial, comer en el restaurante, socializar en la sala de baile, montar a caballo, ver animales en el zoológico y, tal vez lo mejor de todo, saborear una nieve. Jardines Carrillo luego llevó el nombre de Elysian Grove.
La primaria Carrillo en el Barrio El Hoyo lleva el nombre de Leopoldo Carrillo, quien fue uno de los fundadores del primer distrito escolar dentro de lo que entonces fuese llamado el Territorio de Arizona. El nombre de Carrillo también es parte de una de las estructuras más viejas en Tucsón, la casa Sosa-Carrillo-Frémont ubicada en el centro de la ciudad.
“La familia Carrillo ha estado aquí por tantas generaciones”, dijo Carrillo Otterson, quien se graduó de Sabino High School al igual que su hermano. “En donde quiera que veas hay una conexión Carrillo”.
Junto con la conexión Carrillo, la abuela de Armando Carrillo, Dolores, la esposa de Eduardo, era hija de otro tucsonense respetado, Carlos Velasco.
En 1878, Velasco fundó el semanario en español El Fronterizo, el cual operó por más de 30 años. En 1894 fue uno de los iniciadores de la Alianza Hispano-Americana, una asociación de ayuda para la comunidad México-Americana de la ciudad, la cual eventualmente creció a lo largo del Suroeste.
Carrillo Otterson dijo que su padre siempre sintió una unión con Tucsón. Cuando se jubiló del ejército por segunda ocasión, sus padres pudieron haber elegido vivir en California o Colorado. Pero la conexión con Tucsón y el legado familiar eran demasiado fuertes, señaló.
“Tenía un sentido muy fuerte de la familia y los valores familiares”, dijo.



