En honor a nuestras reinas: Felicidades Mamás
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Celebramos a las jefitas, las meras meras, con esta colección de notas de La Estrella dedicadas a las mamás. ¡Felicidades a todas ellas!
Mamá tuvo suerte el domingo pasado, el día en que celebramos a nuestras madres, sin importar si están con nosotros o no.
Julieta Bustamante Portillo cumplió 80 años el mes pasado y afortunadamente para ella, siendo la orgullosa mujer mexicoamericana que es, fue festejada el Día de las Madres, que se celebró en ambos lados de la frontera el 10 de mayo. Fueron dobles los abrazos y besos que recibió.
La mayoría de las mamás son especiales. La mía es muy especial.
Julie B., como la llamamos, nació en Tucsón, en el viejo Storks Nest, un centro de maternidad en el centro de la ciudad en North Court Avenue, en la esquina con West Council Street. El edificio sigue ahí, y es sede de una firma consultora de casas hidrogeológicas.
Mi mamá nunca ha dejado que mis hermanos -Carmen, Mario y Carlos- y yo nos olvidemos de dónde nació. De hecho, nos recuerda constantemente cómo era el Tucsón que ella conoció y al que amaba siendo niña antes de la Segunda Guerra Mundial y luego como adolescente en los años de la postguerra.
Decir que Julie B. ama a Tucsón es un eufemismo. Ella es una cámara de comercio unipersonal. Es la porrista extraoficial número 1 de Tucsón ondeando sus pompones rojos y azules, los colores de la Universidad de Arizona. Ella es Tucsón.
Sus límites, sin embargo, fueron más allá de las montañas y el desierto que rodean a su pueblo natal. Se extienden a México, donde mis abuelos, Carmen Macías y Miguel Bustamante, y mi padre, Ernesto V. Portillo, nacieron. Y sus raíces corren hasta Los Ángeles, donde se asentó la familia de mi abuela, como miles de otras familias mexicanas, después de haber huido de la turbulencia política y social de México que no cesó tras la Revolución de 1910.
Pero el Viejo Pueblo era y sigue siendo el centro del universo para Julie B. Nos llena de historias sobre su feliz infancia:
Los niños y los maestros de la primaria Safford, de la secundaria y de la bendita Tucson High. Las caricaturas y series de vaqueros con el Club de Mickey Mouse los sábados en la mañana en el Cine Fox. Ella estirando su cuello afuera del departamento en un segundo piso donde vivían mis abuelos para alcanzar a oír qué se estaba presentando en el escenario al lado de su casa, en el Templo de Música y Arte en South Scott Avenue. Ella caminando por el centro con su hermana mayor, Alva.
Mientras ella se deleita con sus recuerdos, el amor de mi madre por Tucsón no se basa simplemente en la nostalgia. Siempre se ha relacionado con su gente, con amigos o con extraños.
Mi mamá se liberó a sí misma en los sesentas yendo a trabajar. Uno de sus primeros empleos fue como auxiliar de maestra en la primaria Mission View en Sur Tucsón.
Eran los albores de la educación bilingüe y mamá estaba ahí, ayudando a los estudiantes y a sus padres, algunos de los cuales eran inmigrantes.
Salió de Mission View, con su compromiso intacto, para ser supervisora de la oficina en la Escuela Primaria Gardens, cerca de Sauth Campbell y 36th Street. Después trabajó en el área de recursos humanos del distrito.
La educación pública era algo supremo para ella. Todavía la puedo escuchar regañando a electores tucsonenses que echaban abajo bonos para las escuelas.
Después llegó al Arizona Daily Star, donde pasó más de 17 años como asistente administrativa del director editorial y de otros editores.
Es amante de las noticias, así es que se sentía en el cielo en la ajetreada y energizante sala de redacción. Todos en el Daily Star eran sus hijas e hijos, a todos los llamaba mija o mijo.
Con sus habilidades, contactaba a organizaciones sin fines de lucro con el periódico. Hacía todo lo que estaba en sus manos por ayudar a grupos artísticos, educativos y de desarrollo infantil.
Y cuando no podía ayudar para que el Star donara dinero, ella se aseguraba de contribuir a los grupos comunitarios lo que fuera posible para ella y mi padre. Decía que la filantropía es nuestro deber, sin importar la cantidad. Y si no podemos dar dinero, tenemos tiempo que podemos donar.
Ahora, Julie B., abuela de cuatro mujeres y dos varones, pasa gran parte de su tiempo en su nueva pasión: bordar. Sigue reuniéndose con sus amigas y permanece activa en el Club Duette, un grupo social de mujeres, muchas de ellas son las mismas con las que mamá creció en aquel tiempo en el que parecía que todo mundo se conocía.
Mi liberal y políticamente obstinada mamá continúa en su romance con el pueblo que les dio un comienzo a sus padres y a mi propio padre, quien hizo una larga carrera en la radio en español. Su inquebrantable apego sigue siendo contagioso e inspira mi amor por mi Tucsón.
Gracias, madre.
Por Liliana López Ruelas
La Estrella De Tucsón
Durante unos años, Luz Vásquez sintió que tenía cuatro hijos. Se preocupaba por cuatro, los amaba a los cuatro. Pero este 10 de mayo, “Lucy” volverá a celebrar sólo con dos.
Los dos más pequeños, a los que cuidaba día y noche, a los que alimentaba, bañaba, abrazaba y llevaba al médico, se han ido con su otra mamá. Con su verdadera mamá.
Son un niño y una niña. El niño tiene 6 años y la nena sólo 2. A la pequeña, Lucy la cuidó desde abril de 2013, cuando tras más de un mes en la incubadora por nacimiento prematuro le pidieron que fuera por ella al hospital. Era su bebé.
El niño tenía tres años cuando lo llevaron a la casa de Lucy. Fue en el 2012, el Domingo de Pascua.
“El niño llegó llorando”, recordó Lucy. “Mi hijo Luis se fue corriendo a comprarle una canasta. Se calmó; yo le daba abrazos, lo acariciaba, le dije que iba a vivir con nosotros”.
En 2013, desde la oficina de Servicios de Protección al Menor (CPS) le informaron a Lucy que la mamá del niño estaba embarazada y no podría hacerse cargo del bebé; le preguntaron si ella estaría dispuesta a recibirlo en su casa.
Para Lucy, ahora de 50 años de edad, la encomienda de atender a un recién nacido parecía difícil. Casi imposible. En el 2006 había abierto el centro de cuidado infantil Tuty’s Daycare and Preschool, en Broadway y Highland, y estrenaba una sucursal dentro del fraccionamiento Valle del Sur, en el 251 W. 38th Street.
Pero hubo algo que la hizo cambiar de opinión. La mamá de los niños había pedido que los hermanitos estuvieran juntos; si ella no recibía al nuevo bebé, buscarían otro hogar para los dos.
Con eso se reducían las posibilidades de la adopción que Lucy había solicitado y se suspenderían los intentos por descubrir qué tipo de necesidades especiales tenía el niño, quien pasados los tres años no hablaba, no podía controlar sus emociones, se golpeaba continuamente y “sólo comía fresas, bananas y pan”. Además, “ya estaba encariñada”, confió Lucy.
Padres Temporales
De acuerdo al Departamento de Seguridad Económica de Arizona (DES), cuando los niños no pueden vivir en condiciones seguras con sus padres biológicos, el Departamento de Seguridad Infantil (DCS) pone a esos niños bajo el cuidado temporal de un tercero, a lo que se llama en inglés foster care. La separación muchas veces se da bajo una situación de emergencia.
Una vez que los niños están instalados, se crea un plan de reunificación en el que los padres deben remediar las condiciones de inseguridad que los separaron de sus hijos. De los contrario, los niños quedan libres para ser adoptados.
Michaela Luna, supervisora del departamento de Servicios de Familia en la agencia RISE, quien trabajó con Lucy en este caso, dijo que en el Condado Pima hay más de 4 mil niños bajo cuidados temporales. En el estado son más de 17 mil.
Las causas más comunes de separación de sus padres, mencionó Luna, son el abuso físico, negligencia y uso o venta de drogas por parte de los papás. En Tucsón, lo relacionado con drogas es uno de los problemas principales.
La primera vez que Lucy se involucró con el cuidado temporal fue hace una década. Cuidaba niños en su casa, y un día “una mamá llegó destrozada porque le habían quitado al niño que ella tenía (foster)”, dijo.
Lucy planeaba adoptar a otro niño y le sugirió que mejor lo hiciera ella. Hace poco, esta feliz mamá le envió a Lucy una foto de “Baby T”, ahora de 10 años de edad.
Decir adiós
Cuando el pasado viernes 1 de mayo Lucy entregó a los dos niños a su madre biológica -con la consigna de no tener ningún tipo de contacto con ellos durante seis meses, para que los niños se adapten a su mamá-, no era la primera vez que Lucy sufría un desprendimiento doloroso.
Viviendo en Santa Ana, Sonora, el padre de sus dos hijos -Germán, ahora de 31 años, y Luis, de 25- falleció repentinamente.
Los padres de Lucy la cobijaron a ella y a sus pequeños hijos, pero no estaba satisfecha. Era ella quien debía esforzarse para dar a sus hijos lo necesario. Decidida a trabajar por primera vez en la vida, más aún, a comenzar de nuevo, se instaló en Tucsón con la ayuda de su padre.
Al poco tiempo, el papá de Lucy también falleció.
“Ahora sé que mi lindo padre estaría orgulloso de mí”, dijo, profundamente conmovida.
Cuando Lucy llegó a Tucsón no hablaba inglés. Inscribió a sus hijos en un Head Start y ahí conoció a quien considera uno de sus ángeles, Esther Leyva Mcgee, una consejera familiar que le recomendó trabajar en Head Start.
De ahí se fue a Ocotillo Special Education y luego a Craycroft Elementary School. También se convirtió en asistente de enfermera; en ciertos periodos del año trabajaba de día y de noche.
Ingresó al Central Arizona College y, tras cuatro años de combinar estudio y trabajo, se certificó en Educación Temprana Infantil.
“Yo me esforcé porque a mis hijos nunca les faltara nada”, dijo Lucy, “como cuando estaba su padre o cuando estaba su ‘panino’”.
Ellos estarán bien
Hace más de un año, la posibilidad de adopción se esfumó.
La mamá de los niños se esforzaba por recuperarlos y el plan latente era la reunificación.
“Ella quiere ser una buena madre”, dijo Lucy. “No hay mejor lugar para los niños que al lado de su madre. Eso yo lo sé perfectamente y lo apoyo”.
Luna, la supervisora de la agencia, dijo que Lucy hizo un esfuerzo especial no sólo por los niños, sino también por la mamá. Lucy abrazaba a la señora frente a la niña para ayudarla a ganarse la confianza de la bebé.
“Luchó mucho por ellos”, dijo Luna, quien varias veces acompañó a Lucy a la escuela del niño para exigir a las maestras que le dieran la atención especial que necesitaba. “Hizo muy buen trabajo”.
Pero eso no elimina la tristeza de Lucy ante la separación.
“El niño está listo, está feliz porque se va con su mami. Duerme con ella los fines de semana y regresa feliz; eso me hace feliz a mí”, subrayó Lucy, satisfecha por haber contribuido a que al niño le diagnosticaran y trataran el síndrome de déficit de atención e hiperactividad que sufre.
“Pero la niña no. La niña llora y patalea cuando la llevan a visita. Tiene varias semanas pegada a mí, como si presintiera algo. ¿De verdad le va hacer bien a la niña no vernos en seis meses?”, cuestionó Lucy unas horas antes de despedirse de ellos.
“Le he dicho a la niña que se va a ir con mami, que mami la quiere mucho, y que Lucy la va a amar siempre. Ella me limpia las lágrimas con sus manitas”.
Lucy dijo que caminar y confiar en que los niños van a estar bien la reconforta.
Recomienda “a quienes tengan un campito” y el interés de hacerlo que se conviertan en padres temporales. “Estos niños son unos angelitos, tiene que haber gente que pueda ayudarlos”, dijo Lucy.
En el Condado Pima, dijo Michaela Luna, hay sólo 750 hogares que lo hacen. Muchos niños viven en albergues o casas de grupo, donde hay personal para cuidarlos.
En el caso de Lucy, aún no está lista para repetir la experiencia.
Llegó a pensar en entregar la licencia y volver a concentrarse al 100 por ciento en Tuty’s Daycare y en los casi 30 niños que actualmente acuden al centro, donde además trabajan otras cuatro maestras. Pero la va a conservar, por lo pronto.
“Yo no puedo doblarme”, dijo Lucy. “Sí he llorado, sí ha sido duro, pero estoy contenta porque hice todo lo que pude por ellos. Y ellos me ayudaron mucho a mí. Esos niños alegraron mi casa”.
- Dr. Francisco García
Este mes, me gustaría ceder este espacio a una joven mujer que recientemente se registró en nuestro programa para nuevas mamás. Es una conmovedora historia de valor y dedicación que seguro les inspirará. He aquí su relato:
Mientras manejaba, escuché un anuncio en la radio que decía: “¿Serás mamá por primera vez? Nosotros le podemos ayudar durante su embarazo hasta que su bebé cumpla los dos años de edad”. En ese momento, recuerdo que pensé, “qué gran oportunidad, llamaré a ver de qué se trata”. Mi relato quizá le suene simple, pero si usted me hubiera conocido, entendería la persona tan compleja que era yo en ese entonces.
En ese momento, mi vida no estaba en el mejor lugar debido a una serie de malas decisiones que había tomado.
Era rebelde y fiestera y, debido a mi comportamiento y a las decisiones que tomé, con el tiempo perdí el apoyo y la confianza de mi familia. Mi madre estaba sumamente decepcionada y, por consecuencia, nuestra relación sufrió daños que parecían irreparables.
En el fondo, yo sabía que tenía que cambiar de vida. Qué sorpresa me llevé cuando mientras pensaba cómo cambiar o por dónde empezar, descubrí que estaba embarazada. Ahora que me había propuesto a cambiar, se me tuvo que complicar todo aún más.
El papá de mi bebé no quería tener nada que ver con nuestro hijo. Mi mamá no estaba muy contenta, y creía que yo no era lo suficientemente responsable para ser mamá. En retrospectiva, no la culpo, porque parte de mí también sentía lo mismo.
Hice la llamada y puse mi primera cita con una enfermera del programa, quien con mucho detalle me explicó lo básico de mi embarazo.
Lo que más recuerdo es la atención con la que me escuchó. Pude hablar acerca de mis preocupaciones y le pude hacer preguntas sobre mi embarazo. En la siguiente visita me llevó información, y no era información de tipo general para nuevas mamás sobre el embarazo, sino información específica acerca de las preguntas que yo le había hecho. Estaba entusiasmada y asombrada.
Hablamos mucho acerca de la vida que hasta ahora había vivido y los cambios que debía hacer para estar más saludable y tener un bebé sano. Estaba propuesta a cambiar mi vida y a tomar decisiones difíciles. De ese momento en adelante no habría marcha atrás; yo quería y necesitaba una mejor vida.
Durante esas primeras reuniones con la enfermera me di cuenta de que no estaría sola.
Si tenía una pregunta acerca de mi bebé, como cuándo le saldría su primer diente o cuándo le podría empezar a dar comida de mesa, yo sabía que tenía un recurso seguro que me daría la información que buscaba y quien me iba a guiar mientras mi bebé crecía.
Ahora mi niña tiene tres meses. Ella es mi milagro, pues no puedo creer lo maravillosa que es mi vida desde que ella llegó.
El trayecto de muchacha rebelde a mamá me ha hecho apreciar más a mi propia madre y es con mucho gusto que les comparto que hemos reparado nuestra relación.
Mi hija y yo estamos agradecidas de tener a mi mamá en nuestras vidas. Me llena de emoción saber que mi mamá ahora se siente orgullosa de mí y del arduo trabajo que puse de mi parte para cambiar y mejorar mi vida.
Aún tengo mucho trabajo que hacer, pero es muy distinto al trabajo de hace un año. Ahora cuento con una excelente enfermera que me ayudó a establecer metas para alcanzar una vida saludable, me dio información acerca de mi embarazo y es ella quien ahora me aconseja sobre mi niña.
Ahora entiendo que estar preparada no quiere decir que uno sepa todo, pero tener a alguien cerca con el conocimiento adecuado puede hacer un mundo de diferencia.
Me alegro de haber hecho esa llamada. Me siento más segura de mí misma y cada día aprendo cosas nuevas.
Este programa para nuevas mamás, el Nurse Family Partnership, es mejor de lo que me imaginaba. Siempre estaré agradecida con la enfermera que me ayudó a encontrar el valor y el coraje que me faltaban para ser una mejor persona.
Si tú se encuentras en una situación similar, te invito a que hagas esa llamada al (520) 724-9721.
Barbie limpia una de las mesas donde personas sin hogar reciben alimentos todos los días. Bárbara vivió muchos años en la pobreza, criando sola a sus hijos. Graduarse del Colegio Pima a sus 51 años no fue fácil.
Barbie Urías, a la izquierda, bromea con Jesús Ramos y Julio Rivera en Casa Maria Soup Kitchen. Urías tiene siete hijos, 19 nietos y uno más por nacer, y ahora también un nuevo certificado como asociada en estudios legales por el PCC.
Por Tim Steller
La Estrella De Tucsón
El Comedor Público Casa María (Casa Maria Soup Kitchen) tempranito en la mañana: hombres formados para el café y conversando en las mesas de picnic.
Bárbara Urías es una presencia familiar ahí, un lugar donde ella se ha desempeñado cómodamente.
“¡Hey, Barbie! Qué tal un capuchino homeless por aquí?”, gritó Julio Rivera en tono juguetón una mañana reciente. “Tú haces el más rico de la ciudad”.
Urías llega al comedor, ubicado en el 325 E. 25th St., entre las 6 y 6:30 a.m. todos los días y trabaja un par de horas haciendo el café y ayudando a organizar a la gente, muchos de ellos se han levantado de una dura noche más durmiendo en albergues o en la calle. Ellos se hacen sus propios capuchinos -echan crema en polvo al café que se sirven de una cafetera cromada.
Esta es la parte fácil para Urías, quien a sus 51 años tiene siete hijos y 19 nietos, con el vigésimo en camino. Lo que es más difícil es su actividad posterior del día: ir a clases y hacer tarea en pro de una mejor educación.
La semana pasada, Urías recibió su certificado como asociada en estudios legales del Colegio Comunitario Pima. Para una mujer que dice que “nunca vi mis pies cuando estaba en mis veintes”, porque casi siempre estaba embarazada, este no fue un logro fácil.
Urías creció en Tucsón. Hija de padre mexicano y de madre indígena de la tribu de Gila River Pima, se mudaban con frecuencia hasta que se instaló en Sunnyside High School.
“Cuando salí de la preparatoria quería ir a la universidad, pero no sabía qué estudiar”, dice. Después de que empezó a tener hijos, la idea de una educación superior se fue alejando. Simplemente sobrevivía, era otra mamá soltera pobre abriéndose camino en Tucsón.
“Crié a mis hijos en camiones. No me alcanzaba para tener carro”, dice. “Era una buena herramienta para enseñar a mis hijos a ser sociables, enseñarles a comportarse como seres humanos decentes en la sociedad”.
Urías hace las lecturas en la Catedral San Agustín, y hace unos 20 años fue enviada a reclutar a Brian Flagg para participar en un grupo de oración. Cualquiera que conozca a Flagg, el activista que por mucho tiempo ha operado el comedor público, puede adivinar cómo terminó eso.
“En lugar de que yo reclutara a Brian para el grupo de oración”, dice, “Brian me reclutó a mí”.
Ella se unió a una rama de sus esfuerzos como Trabajador Católico a favor de los pobres, incluyendo un grupo de usarios de transporte público (Bus Riders Union), y aprendió mucho sobre la gente. Ella ya sabía cuánto esfuerzo y astucia se necesitan para salir adelante como una persona pobre, pero también aprendió que la gente más rica no es necesariamente el enemigo, tampoco.
“Aprendí a juzgar a la gente por su corazón, no por su bolsillo”, dice.
Hace dos años consiguió ese empleo pagado trabajando siete mañanas a la semana en el comedor público. Habiendo sido despedida de Citibank, ella podía utilizar el programa federal de Asistencia de Ajuste Comercial para que le pagaran su curso de reentrenamiento.
Con los años, también se había unido a la directiva de Ayuda Legal del Sur de Arizona. A través de esas pruebas de experiencia y actitud que mostraron que podía ser una buena investigadora privada o asistente legal, encontró el centro de la siguiente etapa de su vida.
Llegar a eso, sin embargo, ha sido duro.
“Era vergonzoso, sentía que había tirado la educación por la borda”, dice Urías. “Tenía que aprender de nuevo a ser estudiante”.
“Había perdido todas mis habilidades. Había olvidado la gramática, la edición. Había olvidado todas mis matemáticas”.
Pero gradualmente reaprendió la disciplina del estudio. Reconoció la necesidad de poner un alto a las intrusiones de la vida familiar y el activismo por los pobres para simplemente leer y aprender. Ahora está pensando en “retirarse” a un trabajo como asistente legal en la reserva de Gila River o cerca de ahí. Pero cualquier cosa que haga, quiere seguir aprendiendo.
“Ahora”, dice, “ya no quiero parar”.
- Liliana López Ruelas La Estrella de Tucsón
Si algo hay sagrado en la idiosincrasia mexicana es el amor a la madre. Y si existe algo incorruptible en nuestra cultura, eso es el esfuerzo de una mamá por sus hijos.
El prototipo de una buena madre ya dista mucho de la mujer abnegada, pero es indudable que algo hay de estoico en cada una de ellas.
Las historias de Isabel, Brenda y Stella ilustran por qué las celebramos con tanto fervor cada mes de mayo.
Isabel Juárez
En 1998, Isabel Juárez ganó segundo lugar en un concurso de ortografía en español en la Douglas High School y fue entrevistada por el Douglas Dispatch. Ahí dijo que su objetivo era graduarse como técnica en radiología del Pima Medical Institute de Tucsón.
Y lo logró. Aunque el último tramo de la carrera no fue fácil. Tenía 20 años cuando se casó y dio a luz.
Pero su meta era tan clara, que a las tres semanas del nacimiento de Ivanna regresó a sus prácticas profesionales: cuatro días de trabajo en clínica y uno de clases. Y si quería graduarse con su grupo en el siguente enero, tenía que reponer el tiempo de su incapacidad. Así es que por cuatro meses trabajó 10 horas diarias.
Isabel y su esposo volvieron a la frontera entre Douglas y Agua Prieta y ella consiguió empleo en el hospital. Él, en cambio, dejó de trabajar. Habían transcurrido tres años de matrimonio y la relación no soportó esa y otras debilidades.
Ahí surgió Isabel, la nueva mamá soltera.
La misma que un año después lo volvió a intentar, movida en parte por la ilusión de construir un hogar para ella y su hija.
Aceptó la propuesta de su nueva pareja y viajaron los tres a San Antonio, Texas.
"Inestabilidad", responde ella cuando preguntamos por qué las cosas no funcionaron. Seis meses y tres ciudades texanas después, Isabel subió al carro a la niña, sus pertenencias y una prueba de embarazo que no se realizó.
No lo hizo porque sabía el resultado, como también sabía que su futuro y el de sus dos hijos no estaba ahí.
Volvió a Tucsón. Aquí nació Joshua, hoy de casi cinco años.
Ella tiene la certeza de que los niños son angelitos. Y el suyo es uno muy travieso, al que ni consejeros, psiquiatras o fundaciones han podido diagnostigar o ayudar a conducir su energía.
Pero Isabel sonríe. Muy a menudo sonríe y suelta la carcajada. ¿Su secreto?, el autocontrol: "Cuando me di cuenta de que Joshua era un niño muy inquieto decidí que yo controlaría mi carácter. Si me enojo es porque yo quiero enojarme. Yo cambié mi forma de ser a los 26 años".
Resurgió otra vez.
Aún no cumple 30 y su energía se percibe todavía más joven. La necesita para su trabajo en St. Mary's Imaging Center, para estudiar por una nueva certificación, para el ballet de Ivanna, el futbol de Joshua, el catecismo y la misa, las ferias infantiles de cada sábado, las tareas diarias, la casa, la cena...
No teme reclamos futuros de sus hijos por estarlos criando sola; sabe que ha dado lo mejor de sí. Y cuando los ve jugar y reir, en ese instante antes de que -como todos los niños- empiecen a pelear, es cuando, confiesa: "Me doy cuenta de lo que vale todo lo que he hecho".
Brenda Estrada
Sí es la palabra favorita de Brenda Estrada.
La dijo cuando se le presentó la oportunidad de servir en la Cruz Roja de su ciudad, Puerto Peñasco; la repitió para colaborar con el DIF (Desarrollo Integral de la Familia).
Respondió sí a la invitación para ser voluntaria de LULAC (League of United Latin American Citizens) en Tucsón y también cuando ella misma se preguntó si podría aportar cinco horas de cada semana para dar clases de baile folclórico en la escuela de su hijo, Tolson Elementary School.
La vida es cuestión de actitud, de ver las cosas positivamente y buscar las oportunidades donde estés, afirma Brenda, una sonorense que se mudó a Tucsón para casarse con Richard.
Juntos han construido una linda familia, y uno de sus hilos conductores es el servicio social. Por eso, para Brenda fue fácil adaptarse a la vida en un nuevo país y aceptar la invitación de su suegra, Ana Valenzuela, directora de LULAC estatal, de sumarse a esa institución.
La sonorense ha compartido sus conocimientos contables y, sobre todo, sus ganas de ayudar, con inmigrantes, jóvenes y mujeres.
Sus dos hijos, Richard, de 6 años, y Sofía, de 6 meses, nacieron en ese ambiente, "son Lulacos", dice Brenda, quien en abril fue nombrada por LULAC como "la Mujer del Futuro".
Los niños los acompañan a los eventos y ven a su mamá trabajar en casa. Están creciendo con el ejemplo del voluntariado.
Eso y asegurarles su educación es lo que más le importa a Brenda. Cuenta que cada año invierten su devolución de impuestos en bonos para sus hijos, así ellos contarán con un ahorro para estudiar la universidad.
Y, de vuelta al ejemplo, ella misma planea regresar a la escuela y hacer una segunda carrera, esta vez en enfermería. "Mi sueño siempre ha sido meterme a la medicina. Y nunca es tarde para estudiar", afirma Brenda, de 36 años, motivida por el ejemplo de su suegra, quien actualmente cursa una maestría.
Brenda ahora es cuidadora profesional (caregiver) de niños y ancianos. Ese es su empleo. Su trabajo es mucho más.
Stella Pope Duarte
"De las cosas que uno trae por dentro, que la angustian, uno mismo tiene la solución", asegura la escritora Stella Pope Duarte.
Lo sabe por experiencia. Su vida cambió una tarde que aparentaba ser común y corriente, pero que la llevó a dejar a un marido alcohólico y violento.
Fue en primera instancia la revelación de un sueño que durante 12 años se había repetido. Pero significó algo más: empezar a escucharse a sí misma. De esa decisión, en gran medida, se ha derivado su realización personal.
En el sueño, narra Stella, había "una mujer que todo el tiempo andaba detrás de mi ex marido y él se iba con ella. Yo le decía, ¡qué tonto eres, esa mujer no te quiere!, ¿por qué te vas con ella?".
A diario se preguntaba qué significaba eso. Un día, mientras lavaba los trastes después de haber dado de comer a sus cuatro hijos, lo comprendió.
"Cuando entendí que yo era esa mujer, me tuve que detener de la cocina. Y dije, 'Oh my God! ¿Nunca lo he amado?'".
Tuvo que ser ella misma quien descubriera el velo, luego de 17 años de matrimonio en los que no únicamente el sueño fue recurrente, también la adicción y el maltrato de su esposo.
Vicente y Mónica, sus hijos mayores, ya eran adolescentes. Deborah y John Mark estaban chicos, el más pequeño de sólo 2 años.
Los meses siguientes "fueron una tormenta". Los niños estaban en colegios privados y, aunque ella tenía trabajos de medio tiempo como educadora, fue difícil sustentar a toda la familia.
Stella además estudiaba una maestría en Educación.
Cinco años después de aquella revelación empezó a escribir. Hoy es una exitosa autora de talla internacional.
Creció en Phoenix bajo la cultura del esfuerzo, pero la cultura de la educación la adoptó ella misma. Su papá era carpintero y su mamá en algún tiempo empleada de lavandería y ama de casa con ocho hijos.
Fue la primera de su familia en estudiar una carrera. Después también una de sus hermanas mayores lo hizo.
De sus cuatro hijos, dos ya tienen título universitario y dos están en vías de conseguirlo.
La autora de "Que Bailen los Espíritus" y de "If I Die In Juárez", entre otras obras, disfruta a sus siete nietos, promueve sus libros, está escribiendo tres más y participa en cuanta actividad comunitaria se le presenta a favor de los inmigrantes o las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar.
Y en todo lo que hace, dice y escribe, hay un mensaje común: "Dios ya ha puesto los pensamientos en nosotros, uno sólo debe escuchar sus pensamientos y preguntarse ¿qué quiero para mi vida?".
- Rigo Valencia Especial Para La Estrella de Tucsón
Por Rigo Valencia
Especial Para La Estrella de Tucsón
En Estados Unidos se celebra anualmente el segundo domingo de mayo. En México es el 10 de mayo. Se celebra la maternidad y es un tiempo ideal para mostrar el aprecio por las madres.
El Día de las Madres suele ser un día de fiesta. Se dan regalos, tarjetas, flores, dulces, hay comidas especiales para las mamás, abuelas, bisabuelas, madrastras y madres adoptivas.
El pasado domingo fue ese día en que les dedicamos esa atención especial a todas esas madres preciosas que representan el orgullo de la familia y así nuestra comunidad celebró a su manera.
Leopoldo Bustamante puso su alarma para poder despertar a media noche a dar serenata a su suegra “Tulita” Acedo, con las mañanitas y otros tributos célebres.
Luis Salazar utilizó una receta ancestral para complacer a su familia con un exquisito platillo de puerco para agradecer a la reina de la casa, Diana Arias, “una madre linda y especial”, nos dijo.
“Este día se aprovecha también para unirse entre toda la familia, amigos y parientes. Es un día donde se convive y se goza al máximo”, expresó Miguel Ortiz.
Vanessa Mendívil compartió, “le celebramos a alguien con nombre común; le celebramos a esa persona que nos dio vida, amor y consejos. A esa mujer llamada madre”.
Esperando que haya sido un día muy inolvidable para todas sus familias.
Feliz día a todas nuestras madres y figuras maternas tan queridas en la comunidad de Tucsón. Que Dios las bendiga siempre.
“Mini-mom” o mini má es como Liane Hernández llama a su hermana mayor, Rose Hurwitz.
Hernández, quien es directora de vida comunitaria y chef ejecutiva de la YWCA, se fue a vivir con su hermana y su cuñado cuando su mamá se puso enferma y no podía cuidarla.
Su mini mamá, una mujer de carácter fuerte, de hechos, que no se anda con tonterías, dejó huella para siempre en su hermana, quien ahora usa las lecciones de su hermana para moldear a otras mujeres.
Lección 1: “No hay duda sobre la fortaleza de las mujeres”, dijo Hernández.
Lección 2: “Si queremos hacer algo, es un hecho que lo haremos”, dijo Hernández.
Lección No. 3: No olvidar las lecciones 1 y 2.
Hernández no mencionó la tercera lección cuando platicamos en uno de los descansos de su apretada agenda en el jardín de la YWCA la semana pasada. Pero fue claro que es parte de su caja de herramientas para crear un cambio social y de empoderamiento en la YWCA, haciendo de ese centro al oeste de la ciudad un punto comunitario más visible y vibrante.
En la oficina de North Bonita Avenue en la ladera oeste del Río Santa Cruz, Hernández y el resto del equipo, lideradas por la directora ejecutiva Kelly Fryer, desarrollan programas y servicios en una plataforma de tres aristas: “eliminar el racismo, fomentar el empoderamiento de las mujeres y promover la paz, justicia y dignidad”.
La YWCA ayuda a mujeres empresarias y provee herramientas para superar la pobreza; desarrolla líderes latinas jóvenes y ayuda a mujeres inmigrantes a superar las divisiones sociales y económicas; patrocina foros sobre la lucha contra el racismo; apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo y los derechos de los migrantes, trabaja para reducir las encarcelaciones masivas y ofrece un espacio a las mujeres artistas para exhibir su obra.
El viernes 1 de mayo, la YWCA tendrá un desayuno para recaudar fondos con la presencia de la senadora por Missouri María Chappelle-Nadal, líder de los derechos civiles y activista que representa a Ferguson y una parte de St. Louis.
“Hay muchas cosas que esta organización ha hecho y sigue haciendo”, dijo Hernández, de 42 años, quien vive en el Barrio Hollywood.
Una de nueve empleadas, Hernández trabaja en la cocina y en la comunidad.
En la cocina, Hernández, quien tiene estudios culinarios, supervisa el Café @ the YW. Empezó en agosto de 2013 con una estación de café en el vestíbulo y se expandió en febrero a una cafetería que además de preparar alimentos sirve como programa culinario para mujeres jóvenes.
La cocina de YW tiene también un programa de comida para eventos, ya sea dentro de la YWCA o fuera.
En el poco tiempo que ha transcurrido desde que el Café @ the YW se expandió, Hernández ha sido testigo del crecimiento de las mujeres, empleadas y voluntarias, que están trabajando en el programa culinario.
“Se les ve caminar un poco más erguidas”, dijo.
En gran parte gracias a Rose.
Rose trabajó en Phoenix con Chicanos por la Causa, una agencia de servicio social y organización de defensa.
Hernández, quien creció en Phoenix, vio a su mini mamá hacer tratos con los demás, incluyendo a otros empleados, activistas y políticos de una forma justa pero determinada. Su hermana tenía su forma con ellos.
“La gente simplemente entraba en línea”, dijo.
Hernández trajo consigo la lección de su mini má cuando se mudó a Tucsón en 1990 para estudiar antropología en la Universidad de Arizona. Terminó sus estudios comprendiendo la falta de balance entre las comunidades de color marginadas y las dominantes.
En comunidades de baja representación, las historias y los anhelos de la gente no se dicen propiamente o simplemente no se dicen. Con frecuencia, los cuentos de aspiraciones y éxitos son olvidados.
Estos problemas fueron la base de la visión de participación comunitaria de Hernández.
Pero antes de sumergirse en la problemática de la comunidad, decidió convertirse en chef. Encontró que en los comedores podía conectar con la gente y ser parte de sus celebraciones y de sus vidas.
Pero, sobre todo, su trabajo culinario le dio un sentido de servicio. “Lo tomo muy en serio”, dijo.
Cocinar la llevó al servici de banquetes, y éste la llevó a la YWCA. Todo está conectado, resaltó.
Con la creación del Café @ the YW, está desarrollando un centro comunitario como empresa social.
La YWCA, dijo, está poniendo la mesa para el cambio.
“Tomo esta metáfora muy en serio”.
Por Emily Bregel
La Estrella De Tucsón
Milissa Mace y Catalina García han estado juntas tanto tiempo que una termina la frase de la otra. Ellas personifican la máxima de que los polos opuestos se atraen.
Como madres de cuatro niños, la calidez y facilidad de trato de Mace se complementan con la forma de ser tranquila y receptiva de García.
Cuando se trata de disciplinar, “lo balanceamos, de esa forma no hay una mamá buena y un papá malo. Estamos iguales”, dijo Mace.
Este año, la pareja de 20 años de unión recibió el premio nacional Ángeles en Adopción por abrir las puertas de su casa bajo el programa de cuidado temporal a más de una docena de niños de la reserva Pascua Yaqui y del área de Tucsón; a cuatro de ellos los han adoptado.
Mace y García, esta última miembro de la Tribu Pascua Yaqui, dijeron que se sentían conmovidas y honradas por el premio.
“Ser reconocidas nos hace sentir muy orgullosas de lo que somos”, dijo Mace. En septiembre, la pareja viajó a Washington D.C. para recibir el premio, haciendo paradas turísticas entre las reuniones con legisladores y familias adoptivas. Estaban entre 127 premiados nacionales. El reconocimiento se otorga cada año por el Instituto de la Coalición del Congreso en materia de Adopción (Congressional Coalition on Adoption Institute), una organización sin fines de lucro.
Mace, quien es oficial de servicios previos a los juicios de la tribu, dice que muy seguido ve a gente joven con antecedentes de abuso y negligencia llegando al sistema correccional. Conforme esos niños crecen, ella ve cómo algunos perpetúan el ciclo disfuncional cuando tienen a sus propios hijos. Mace y García tienen la esperanza de que ofrecer al menos unos cuantos meses de estabilidad ayudará a los niños a romper ese círculo vicioso.
Su trabajo en el cuidado temporal de niños inició cuando llevaron consigo a un sobrino de García de tan sólo tres semanas de nacido, Víctor, quien ahora tiene 14 años y a quien finalmente adoptaron. Certificadas por la tribu como padres de adopción temporal (Foster parents), han dado cobijo a seis niños de la reserva, siempre trabajando de cerca con los padres biológicos para mejorar las oportunidades de reunificación familiar.
“La familia de Cathy es muy grande; todos los niños a los que hemos recibido han estado de alguna forma relacionados con algún familiar. Trabajamos mucho en que se reúnan con sus familias”, dijo Mace. “A cada niño que tenemos con nosotros tratamos de enseñarle que estamos aquí sólo por un tiempo. Pero lo que aprendas de nosotros, te lo llevas contigo”.
La licencia
En 2012, Mace y García fueron certificadas como padres adoptivos por Devereux Arizona, la agencia de asistencia al menor que nominó a la pareja para el premio. Han acogido a nueve niños de todo el estado.
Hasta septiembre, cerca de 17 mil niños en Arizona estaban en custodia del estado –un incremento del 75 por ciento desde el 2007, cuando había nueve mil 700 niños. La legislatura estatal del 2009 recortó los servicios de apoyo familiar –incluyendo las guarderías subsidiadas-, agobiando a familias que ya batallaban en la recesión, dijo Lane Narker, directora ejecutiva de Devereux Arizona.
“Desafortunadamente, los servicios infantiles suelen estar en lo más alto de la lista, en términos de recortes. Ahora estamos viendo las consecuencias de eso”, dijo.
En los años recientes, Devereux ha contactado a varias parejas del mismo sexo y personas de la comunidad lésbico, gay, bisexual y transexual para encontrar hogares amorosos para el creciente número de niños en custodia estatal.
Paternidad conjunta
Mace y García dicen que siempre se consultan una a la otra antes tratar temas de importancia con los niños.
Si uno de ellos se mete en problemas en la escuela, ellas platican primero sobre cómo llegarle al niño. Luego, siempre le dan al niño o niña la oportunidad de que explique qué pasó, dijeron.
García dice que sus amigos y familiares dicen que ellas hacen que ser padres parezca fácil. Y aunque García no lo llamaría algo fácil, la dedicación de la pareja a comunicarse una con la otra hace la diferencia, dijo.
“Es difícil”, dijo, “pero vale la pena”.
Adopciones de
parejas del mismo sexo
Dado que la pareja adoptó a Víctor en la corte de la tribu, los nombres de ambas aparecen en su acta de nacimiento como padres. Pero en el caso de los tres niños adoptados a través del estado de Arizona –John, de 3 años, Julian de 4 y Jackson de 8- sólo a García se le permitió aparecer oficialmente como su madre. Mace es tutora legal.
Arizona sólo permite que marido y mujer adopten juntos, dejando a las parejas del mismo sexo y a las parejas heterosexuales que no están casadas con menos derechos de custodia si algo le sucede a la persona que es oficialmente el padre adoptivo.
Los abogados dicen que está por verse si la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo en Arizona se traducirá en garantías para que esas parejas puedan adoptar en conjunto.
Esa probablemente sea la única razón por la que Mace y García considerarían casarse, dicen, después de 20 años de ser una pareja comprometida una con la otra.
En la tierra soberana de Pascua Yaqui, no hay restricciones basadas en la sexualidad o el estado civil de quienes desean adoptar en conjunto, dijo Alfred Urbina, fiscal general de Pascua Yaqui.
Como en el resto del estado, la cifra de niños en la reserva que no están bajo el cuidado de su familia va en aumento, dijo.
Especialmente en tierras tribales, la falta de empleo y la infraestructura económica ha implicado que más familias batallen para dar a sus hijos lo necesario, dijo. El abuso de drogas es también una de las causas principales por las que quitan los hijos a sus padres.
Las familias que dan cuidados temporales o que adoptan niños, como Mace y García, pueden cambiarles la vida a los niños, dijo Urbina.
“Les están dando amor a estos niños en la etapa más importante de su vida, cuando han sido sacados de su casa y tienen miedo y no entienden qué pasa”, dijo. “Es increíble lo que estos padres temporales hacen por los niños. Es algo que no valoramos lo suficiente”.
- Fotos y textos por Rigo Valencia Especial para La Estrella de Tucsón
El amor incondicional que brinda una madre le nace del corazón. Su espíritu es el de una guerrera defendiendo y construyendo esperanzas para una vida llena de paz y felicidad para su familia.
Por eso, el Día de las Madres es una ocasión tan importante en la que se reúnen las familias por todo el mundo a celebrar a la reina de la familia, como un reconocimiento muy especial por todo lo que hacen.
“Mi mama es la razón por la que vine a este mundo. La razón de que yo exista. Y por eso es que su felicidad es lo más importante para mí”, exclamó Isaac Magaña.
Ese es el día en el que las madres no se preocupan de nada, en el que les espera un día dedicado a ellas con cariño especial.
Bertha Haros Cubillas de Valencia, nos dijo: “Yo siempre feliz porque Dios me ha bendecido con otro día para saber que toda mi familia se encuentra en buena salud y que tienen paz en sus vidas, eso es el mejor regalo para mí”.
Además de expresar nuestra gratitud con cenas, regalos y fiesta, esta es la oportunidad, más que nada, para comunicarle y decirle: “¡Muchas gracias madre querida por todo lo haces y eres en mi vida. Te quiero con todo mi corazón!”.
Porque ellas son las que se preocupan tanto por nuestras necesidades y bienestar, deseamos que por siempre viva en todos ustedes la gloria de sus madres, presentes o ausentes, en todos los aspectos de su vida diaria.
Mamá tuvo suerte el domingo pasado, el día en que celebramos a nuestras madres, sin importar si están con nosotros o no.
Julieta Bustamante Portillo cumplió 80 años el mes pasado y afortunadamente para ella, siendo la orgullosa mujer mexicoamericana que es, fue festejada el Día de las Madres, que se celebró en ambos lados de la frontera el 10 de mayo. Fueron dobles los abrazos y besos que recibió.
La mayoría de las mamás son especiales. La mía es muy especial.
Julie B., como la llamamos, nació en Tucsón, en el viejo Storks Nest, un centro de maternidad en el centro de la ciudad en North Court Avenue, en la esquina con West Council Street. El edificio sigue ahí, y es sede de una firma consultora de casas hidrogeológicas.
Mi mamá nunca ha dejado que mis hermanos -Carmen, Mario y Carlos- y yo nos olvidemos de dónde nació. De hecho, nos recuerda constantemente cómo era el Tucsón que ella conoció y al que amaba siendo niña antes de la Segunda Guerra Mundial y luego como adolescente en los años de la postguerra.
Decir que Julie B. ama a Tucsón es un eufemismo. Ella es una cámara de comercio unipersonal. Es la porrista extraoficial número 1 de Tucsón ondeando sus pompones rojos y azules, los colores de la Universidad de Arizona. Ella es Tucsón.
Sus límites, sin embargo, fueron más allá de las montañas y el desierto que rodean a su pueblo natal. Se extienden a México, donde mis abuelos, Carmen Macías y Miguel Bustamante, y mi padre, Ernesto V. Portillo, nacieron. Y sus raíces corren hasta Los Ángeles, donde se asentó la familia de mi abuela, como miles de otras familias mexicanas, después de haber huido de la turbulencia política y social de México que no cesó tras la Revolución de 1910.
Pero el Viejo Pueblo era y sigue siendo el centro del universo para Julie B. Nos llena de historias sobre su feliz infancia:
Los niños y los maestros de la primaria Safford, de la secundaria y de la bendita Tucson High. Las caricaturas y series de vaqueros con el Club de Mickey Mouse los sábados en la mañana en el Cine Fox. Ella estirando su cuello afuera del departamento en un segundo piso donde vivían mis abuelos para alcanzar a oír qué se estaba presentando en el escenario al lado de su casa, en el Templo de Música y Arte en South Scott Avenue. Ella caminando por el centro con su hermana mayor, Alva.
Mientras ella se deleita con sus recuerdos, el amor de mi madre por Tucsón no se basa simplemente en la nostalgia. Siempre se ha relacionado con su gente, con amigos o con extraños.
Mi mamá se liberó a sí misma en los sesentas yendo a trabajar. Uno de sus primeros empleos fue como auxiliar de maestra en la primaria Mission View en Sur Tucsón.
Eran los albores de la educación bilingüe y mamá estaba ahí, ayudando a los estudiantes y a sus padres, algunos de los cuales eran inmigrantes.
Salió de Mission View, con su compromiso intacto, para ser supervisora de la oficina en la Escuela Primaria Gardens, cerca de Sauth Campbell y 36th Street. Después trabajó en el área de recursos humanos del distrito.
La educación pública era algo supremo para ella. Todavía la puedo escuchar regañando a electores tucsonenses que echaban abajo bonos para las escuelas.
Después llegó al Arizona Daily Star, donde pasó más de 17 años como asistente administrativa del director editorial y de otros editores.
Es amante de las noticias, así es que se sentía en el cielo en la ajetreada y energizante sala de redacción. Todos en el Daily Star eran sus hijas e hijos, a todos los llamaba mija o mijo.
Con sus habilidades, contactaba a organizaciones sin fines de lucro con el periódico. Hacía todo lo que estaba en sus manos por ayudar a grupos artísticos, educativos y de desarrollo infantil.
Y cuando no podía ayudar para que el Star donara dinero, ella se aseguraba de contribuir a los grupos comunitarios lo que fuera posible para ella y mi padre. Decía que la filantropía es nuestro deber, sin importar la cantidad. Y si no podemos dar dinero, tenemos tiempo que podemos donar.
Ahora, Julie B., abuela de cuatro mujeres y dos varones, pasa gran parte de su tiempo en su nueva pasión: bordar. Sigue reuniéndose con sus amigas y permanece activa en el Club Duette, un grupo social de mujeres, muchas de ellas son las mismas con las que mamá creció en aquel tiempo en el que parecía que todo mundo se conocía.
Mi liberal y políticamente obstinada mamá continúa en su romance con el pueblo que les dio un comienzo a sus padres y a mi propio padre, quien hizo una larga carrera en la radio en español. Su inquebrantable apego sigue siendo contagioso e inspira mi amor por mi Tucsón.
Gracias, madre.
Por Liliana López Ruelas
La Estrella De Tucsón
Durante unos años, Luz Vásquez sintió que tenía cuatro hijos. Se preocupaba por cuatro, los amaba a los cuatro. Pero este 10 de mayo, “Lucy” volverá a celebrar sólo con dos.
Los dos más pequeños, a los que cuidaba día y noche, a los que alimentaba, bañaba, abrazaba y llevaba al médico, se han ido con su otra mamá. Con su verdadera mamá.
Son un niño y una niña. El niño tiene 6 años y la nena sólo 2. A la pequeña, Lucy la cuidó desde abril de 2013, cuando tras más de un mes en la incubadora por nacimiento prematuro le pidieron que fuera por ella al hospital. Era su bebé.
El niño tenía tres años cuando lo llevaron a la casa de Lucy. Fue en el 2012, el Domingo de Pascua.
“El niño llegó llorando”, recordó Lucy. “Mi hijo Luis se fue corriendo a comprarle una canasta. Se calmó; yo le daba abrazos, lo acariciaba, le dije que iba a vivir con nosotros”.
En 2013, desde la oficina de Servicios de Protección al Menor (CPS) le informaron a Lucy que la mamá del niño estaba embarazada y no podría hacerse cargo del bebé; le preguntaron si ella estaría dispuesta a recibirlo en su casa.
Para Lucy, ahora de 50 años de edad, la encomienda de atender a un recién nacido parecía difícil. Casi imposible. En el 2006 había abierto el centro de cuidado infantil Tuty’s Daycare and Preschool, en Broadway y Highland, y estrenaba una sucursal dentro del fraccionamiento Valle del Sur, en el 251 W. 38th Street.
Pero hubo algo que la hizo cambiar de opinión. La mamá de los niños había pedido que los hermanitos estuvieran juntos; si ella no recibía al nuevo bebé, buscarían otro hogar para los dos.
Con eso se reducían las posibilidades de la adopción que Lucy había solicitado y se suspenderían los intentos por descubrir qué tipo de necesidades especiales tenía el niño, quien pasados los tres años no hablaba, no podía controlar sus emociones, se golpeaba continuamente y “sólo comía fresas, bananas y pan”. Además, “ya estaba encariñada”, confió Lucy.
Padres Temporales
De acuerdo al Departamento de Seguridad Económica de Arizona (DES), cuando los niños no pueden vivir en condiciones seguras con sus padres biológicos, el Departamento de Seguridad Infantil (DCS) pone a esos niños bajo el cuidado temporal de un tercero, a lo que se llama en inglés foster care. La separación muchas veces se da bajo una situación de emergencia.
Una vez que los niños están instalados, se crea un plan de reunificación en el que los padres deben remediar las condiciones de inseguridad que los separaron de sus hijos. De los contrario, los niños quedan libres para ser adoptados.
Michaela Luna, supervisora del departamento de Servicios de Familia en la agencia RISE, quien trabajó con Lucy en este caso, dijo que en el Condado Pima hay más de 4 mil niños bajo cuidados temporales. En el estado son más de 17 mil.
Las causas más comunes de separación de sus padres, mencionó Luna, son el abuso físico, negligencia y uso o venta de drogas por parte de los papás. En Tucsón, lo relacionado con drogas es uno de los problemas principales.
La primera vez que Lucy se involucró con el cuidado temporal fue hace una década. Cuidaba niños en su casa, y un día “una mamá llegó destrozada porque le habían quitado al niño que ella tenía (foster)”, dijo.
Lucy planeaba adoptar a otro niño y le sugirió que mejor lo hiciera ella. Hace poco, esta feliz mamá le envió a Lucy una foto de “Baby T”, ahora de 10 años de edad.
Decir adiós
Cuando el pasado viernes 1 de mayo Lucy entregó a los dos niños a su madre biológica -con la consigna de no tener ningún tipo de contacto con ellos durante seis meses, para que los niños se adapten a su mamá-, no era la primera vez que Lucy sufría un desprendimiento doloroso.
Viviendo en Santa Ana, Sonora, el padre de sus dos hijos -Germán, ahora de 31 años, y Luis, de 25- falleció repentinamente.
Los padres de Lucy la cobijaron a ella y a sus pequeños hijos, pero no estaba satisfecha. Era ella quien debía esforzarse para dar a sus hijos lo necesario. Decidida a trabajar por primera vez en la vida, más aún, a comenzar de nuevo, se instaló en Tucsón con la ayuda de su padre.
Al poco tiempo, el papá de Lucy también falleció.
“Ahora sé que mi lindo padre estaría orgulloso de mí”, dijo, profundamente conmovida.
Cuando Lucy llegó a Tucsón no hablaba inglés. Inscribió a sus hijos en un Head Start y ahí conoció a quien considera uno de sus ángeles, Esther Leyva Mcgee, una consejera familiar que le recomendó trabajar en Head Start.
De ahí se fue a Ocotillo Special Education y luego a Craycroft Elementary School. También se convirtió en asistente de enfermera; en ciertos periodos del año trabajaba de día y de noche.
Ingresó al Central Arizona College y, tras cuatro años de combinar estudio y trabajo, se certificó en Educación Temprana Infantil.
“Yo me esforcé porque a mis hijos nunca les faltara nada”, dijo Lucy, “como cuando estaba su padre o cuando estaba su ‘panino’”.
Ellos estarán bien
Hace más de un año, la posibilidad de adopción se esfumó.
La mamá de los niños se esforzaba por recuperarlos y el plan latente era la reunificación.
“Ella quiere ser una buena madre”, dijo Lucy. “No hay mejor lugar para los niños que al lado de su madre. Eso yo lo sé perfectamente y lo apoyo”.
Luna, la supervisora de la agencia, dijo que Lucy hizo un esfuerzo especial no sólo por los niños, sino también por la mamá. Lucy abrazaba a la señora frente a la niña para ayudarla a ganarse la confianza de la bebé.
“Luchó mucho por ellos”, dijo Luna, quien varias veces acompañó a Lucy a la escuela del niño para exigir a las maestras que le dieran la atención especial que necesitaba. “Hizo muy buen trabajo”.
Pero eso no elimina la tristeza de Lucy ante la separación.
“El niño está listo, está feliz porque se va con su mami. Duerme con ella los fines de semana y regresa feliz; eso me hace feliz a mí”, subrayó Lucy, satisfecha por haber contribuido a que al niño le diagnosticaran y trataran el síndrome de déficit de atención e hiperactividad que sufre.
“Pero la niña no. La niña llora y patalea cuando la llevan a visita. Tiene varias semanas pegada a mí, como si presintiera algo. ¿De verdad le va hacer bien a la niña no vernos en seis meses?”, cuestionó Lucy unas horas antes de despedirse de ellos.
“Le he dicho a la niña que se va a ir con mami, que mami la quiere mucho, y que Lucy la va a amar siempre. Ella me limpia las lágrimas con sus manitas”.
Lucy dijo que caminar y confiar en que los niños van a estar bien la reconforta.
Recomienda “a quienes tengan un campito” y el interés de hacerlo que se conviertan en padres temporales. “Estos niños son unos angelitos, tiene que haber gente que pueda ayudarlos”, dijo Lucy.
En el Condado Pima, dijo Michaela Luna, hay sólo 750 hogares que lo hacen. Muchos niños viven en albergues o casas de grupo, donde hay personal para cuidarlos.
En el caso de Lucy, aún no está lista para repetir la experiencia.
Llegó a pensar en entregar la licencia y volver a concentrarse al 100 por ciento en Tuty’s Daycare y en los casi 30 niños que actualmente acuden al centro, donde además trabajan otras cuatro maestras. Pero la va a conservar, por lo pronto.
“Yo no puedo doblarme”, dijo Lucy. “Sí he llorado, sí ha sido duro, pero estoy contenta porque hice todo lo que pude por ellos. Y ellos me ayudaron mucho a mí. Esos niños alegraron mi casa”.
- Dr. Francisco García
Este mes, me gustaría ceder este espacio a una joven mujer que recientemente se registró en nuestro programa para nuevas mamás. Es una conmovedora historia de valor y dedicación que seguro les inspirará. He aquí su relato:
Mientras manejaba, escuché un anuncio en la radio que decía: “¿Serás mamá por primera vez? Nosotros le podemos ayudar durante su embarazo hasta que su bebé cumpla los dos años de edad”. En ese momento, recuerdo que pensé, “qué gran oportunidad, llamaré a ver de qué se trata”. Mi relato quizá le suene simple, pero si usted me hubiera conocido, entendería la persona tan compleja que era yo en ese entonces.
En ese momento, mi vida no estaba en el mejor lugar debido a una serie de malas decisiones que había tomado.
Era rebelde y fiestera y, debido a mi comportamiento y a las decisiones que tomé, con el tiempo perdí el apoyo y la confianza de mi familia. Mi madre estaba sumamente decepcionada y, por consecuencia, nuestra relación sufrió daños que parecían irreparables.
En el fondo, yo sabía que tenía que cambiar de vida. Qué sorpresa me llevé cuando mientras pensaba cómo cambiar o por dónde empezar, descubrí que estaba embarazada. Ahora que me había propuesto a cambiar, se me tuvo que complicar todo aún más.
El papá de mi bebé no quería tener nada que ver con nuestro hijo. Mi mamá no estaba muy contenta, y creía que yo no era lo suficientemente responsable para ser mamá. En retrospectiva, no la culpo, porque parte de mí también sentía lo mismo.
Hice la llamada y puse mi primera cita con una enfermera del programa, quien con mucho detalle me explicó lo básico de mi embarazo.
Lo que más recuerdo es la atención con la que me escuchó. Pude hablar acerca de mis preocupaciones y le pude hacer preguntas sobre mi embarazo. En la siguiente visita me llevó información, y no era información de tipo general para nuevas mamás sobre el embarazo, sino información específica acerca de las preguntas que yo le había hecho. Estaba entusiasmada y asombrada.
Hablamos mucho acerca de la vida que hasta ahora había vivido y los cambios que debía hacer para estar más saludable y tener un bebé sano. Estaba propuesta a cambiar mi vida y a tomar decisiones difíciles. De ese momento en adelante no habría marcha atrás; yo quería y necesitaba una mejor vida.
Durante esas primeras reuniones con la enfermera me di cuenta de que no estaría sola.
Si tenía una pregunta acerca de mi bebé, como cuándo le saldría su primer diente o cuándo le podría empezar a dar comida de mesa, yo sabía que tenía un recurso seguro que me daría la información que buscaba y quien me iba a guiar mientras mi bebé crecía.
Ahora mi niña tiene tres meses. Ella es mi milagro, pues no puedo creer lo maravillosa que es mi vida desde que ella llegó.
El trayecto de muchacha rebelde a mamá me ha hecho apreciar más a mi propia madre y es con mucho gusto que les comparto que hemos reparado nuestra relación.
Mi hija y yo estamos agradecidas de tener a mi mamá en nuestras vidas. Me llena de emoción saber que mi mamá ahora se siente orgullosa de mí y del arduo trabajo que puse de mi parte para cambiar y mejorar mi vida.
Aún tengo mucho trabajo que hacer, pero es muy distinto al trabajo de hace un año. Ahora cuento con una excelente enfermera que me ayudó a establecer metas para alcanzar una vida saludable, me dio información acerca de mi embarazo y es ella quien ahora me aconseja sobre mi niña.
Ahora entiendo que estar preparada no quiere decir que uno sepa todo, pero tener a alguien cerca con el conocimiento adecuado puede hacer un mundo de diferencia.
Me alegro de haber hecho esa llamada. Me siento más segura de mí misma y cada día aprendo cosas nuevas.
Este programa para nuevas mamás, el Nurse Family Partnership, es mejor de lo que me imaginaba. Siempre estaré agradecida con la enfermera que me ayudó a encontrar el valor y el coraje que me faltaban para ser una mejor persona.
Si tú se encuentras en una situación similar, te invito a que hagas esa llamada al (520) 724-9721.
Barbie limpia una de las mesas donde personas sin hogar reciben alimentos todos los días. Bárbara vivió muchos años en la pobreza, criando sola a sus hijos. Graduarse del Colegio Pima a sus 51 años no fue fácil.
Barbie Urías, a la izquierda, bromea con Jesús Ramos y Julio Rivera en Casa Maria Soup Kitchen. Urías tiene siete hijos, 19 nietos y uno más por nacer, y ahora también un nuevo certificado como asociada en estudios legales por el PCC.
Por Tim Steller
La Estrella De Tucsón
El Comedor Público Casa María (Casa Maria Soup Kitchen) tempranito en la mañana: hombres formados para el café y conversando en las mesas de picnic.
Bárbara Urías es una presencia familiar ahí, un lugar donde ella se ha desempeñado cómodamente.
“¡Hey, Barbie! Qué tal un capuchino homeless por aquí?”, gritó Julio Rivera en tono juguetón una mañana reciente. “Tú haces el más rico de la ciudad”.
Urías llega al comedor, ubicado en el 325 E. 25th St., entre las 6 y 6:30 a.m. todos los días y trabaja un par de horas haciendo el café y ayudando a organizar a la gente, muchos de ellos se han levantado de una dura noche más durmiendo en albergues o en la calle. Ellos se hacen sus propios capuchinos -echan crema en polvo al café que se sirven de una cafetera cromada.
Esta es la parte fácil para Urías, quien a sus 51 años tiene siete hijos y 19 nietos, con el vigésimo en camino. Lo que es más difícil es su actividad posterior del día: ir a clases y hacer tarea en pro de una mejor educación.
La semana pasada, Urías recibió su certificado como asociada en estudios legales del Colegio Comunitario Pima. Para una mujer que dice que “nunca vi mis pies cuando estaba en mis veintes”, porque casi siempre estaba embarazada, este no fue un logro fácil.
Urías creció en Tucsón. Hija de padre mexicano y de madre indígena de la tribu de Gila River Pima, se mudaban con frecuencia hasta que se instaló en Sunnyside High School.
“Cuando salí de la preparatoria quería ir a la universidad, pero no sabía qué estudiar”, dice. Después de que empezó a tener hijos, la idea de una educación superior se fue alejando. Simplemente sobrevivía, era otra mamá soltera pobre abriéndose camino en Tucsón.
“Crié a mis hijos en camiones. No me alcanzaba para tener carro”, dice. “Era una buena herramienta para enseñar a mis hijos a ser sociables, enseñarles a comportarse como seres humanos decentes en la sociedad”.
Urías hace las lecturas en la Catedral San Agustín, y hace unos 20 años fue enviada a reclutar a Brian Flagg para participar en un grupo de oración. Cualquiera que conozca a Flagg, el activista que por mucho tiempo ha operado el comedor público, puede adivinar cómo terminó eso.
“En lugar de que yo reclutara a Brian para el grupo de oración”, dice, “Brian me reclutó a mí”.
Ella se unió a una rama de sus esfuerzos como Trabajador Católico a favor de los pobres, incluyendo un grupo de usarios de transporte público (Bus Riders Union), y aprendió mucho sobre la gente. Ella ya sabía cuánto esfuerzo y astucia se necesitan para salir adelante como una persona pobre, pero también aprendió que la gente más rica no es necesariamente el enemigo, tampoco.
“Aprendí a juzgar a la gente por su corazón, no por su bolsillo”, dice.
Hace dos años consiguió ese empleo pagado trabajando siete mañanas a la semana en el comedor público. Habiendo sido despedida de Citibank, ella podía utilizar el programa federal de Asistencia de Ajuste Comercial para que le pagaran su curso de reentrenamiento.
Con los años, también se había unido a la directiva de Ayuda Legal del Sur de Arizona. A través de esas pruebas de experiencia y actitud que mostraron que podía ser una buena investigadora privada o asistente legal, encontró el centro de la siguiente etapa de su vida.
Llegar a eso, sin embargo, ha sido duro.
“Era vergonzoso, sentía que había tirado la educación por la borda”, dice Urías. “Tenía que aprender de nuevo a ser estudiante”.
“Había perdido todas mis habilidades. Había olvidado la gramática, la edición. Había olvidado todas mis matemáticas”.
Pero gradualmente reaprendió la disciplina del estudio. Reconoció la necesidad de poner un alto a las intrusiones de la vida familiar y el activismo por los pobres para simplemente leer y aprender. Ahora está pensando en “retirarse” a un trabajo como asistente legal en la reserva de Gila River o cerca de ahí. Pero cualquier cosa que haga, quiere seguir aprendiendo.
“Ahora”, dice, “ya no quiero parar”.
- Liliana López Ruelas La Estrella de Tucsón
Si algo hay sagrado en la idiosincrasia mexicana es el amor a la madre. Y si existe algo incorruptible en nuestra cultura, eso es el esfuerzo de una mamá por sus hijos.
El prototipo de una buena madre ya dista mucho de la mujer abnegada, pero es indudable que algo hay de estoico en cada una de ellas.
Las historias de Isabel, Brenda y Stella ilustran por qué las celebramos con tanto fervor cada mes de mayo.
Isabel Juárez
En 1998, Isabel Juárez ganó segundo lugar en un concurso de ortografía en español en la Douglas High School y fue entrevistada por el Douglas Dispatch. Ahí dijo que su objetivo era graduarse como técnica en radiología del Pima Medical Institute de Tucsón.
Y lo logró. Aunque el último tramo de la carrera no fue fácil. Tenía 20 años cuando se casó y dio a luz.
Pero su meta era tan clara, que a las tres semanas del nacimiento de Ivanna regresó a sus prácticas profesionales: cuatro días de trabajo en clínica y uno de clases. Y si quería graduarse con su grupo en el siguente enero, tenía que reponer el tiempo de su incapacidad. Así es que por cuatro meses trabajó 10 horas diarias.
Isabel y su esposo volvieron a la frontera entre Douglas y Agua Prieta y ella consiguió empleo en el hospital. Él, en cambio, dejó de trabajar. Habían transcurrido tres años de matrimonio y la relación no soportó esa y otras debilidades.
Ahí surgió Isabel, la nueva mamá soltera.
La misma que un año después lo volvió a intentar, movida en parte por la ilusión de construir un hogar para ella y su hija.
Aceptó la propuesta de su nueva pareja y viajaron los tres a San Antonio, Texas.
"Inestabilidad", responde ella cuando preguntamos por qué las cosas no funcionaron. Seis meses y tres ciudades texanas después, Isabel subió al carro a la niña, sus pertenencias y una prueba de embarazo que no se realizó.
No lo hizo porque sabía el resultado, como también sabía que su futuro y el de sus dos hijos no estaba ahí.
Volvió a Tucsón. Aquí nació Joshua, hoy de casi cinco años.
Ella tiene la certeza de que los niños son angelitos. Y el suyo es uno muy travieso, al que ni consejeros, psiquiatras o fundaciones han podido diagnostigar o ayudar a conducir su energía.
Pero Isabel sonríe. Muy a menudo sonríe y suelta la carcajada. ¿Su secreto?, el autocontrol: "Cuando me di cuenta de que Joshua era un niño muy inquieto decidí que yo controlaría mi carácter. Si me enojo es porque yo quiero enojarme. Yo cambié mi forma de ser a los 26 años".
Resurgió otra vez.
Aún no cumple 30 y su energía se percibe todavía más joven. La necesita para su trabajo en St. Mary's Imaging Center, para estudiar por una nueva certificación, para el ballet de Ivanna, el futbol de Joshua, el catecismo y la misa, las ferias infantiles de cada sábado, las tareas diarias, la casa, la cena...
No teme reclamos futuros de sus hijos por estarlos criando sola; sabe que ha dado lo mejor de sí. Y cuando los ve jugar y reir, en ese instante antes de que -como todos los niños- empiecen a pelear, es cuando, confiesa: "Me doy cuenta de lo que vale todo lo que he hecho".
Brenda Estrada
Sí es la palabra favorita de Brenda Estrada.
La dijo cuando se le presentó la oportunidad de servir en la Cruz Roja de su ciudad, Puerto Peñasco; la repitió para colaborar con el DIF (Desarrollo Integral de la Familia).
Respondió sí a la invitación para ser voluntaria de LULAC (League of United Latin American Citizens) en Tucsón y también cuando ella misma se preguntó si podría aportar cinco horas de cada semana para dar clases de baile folclórico en la escuela de su hijo, Tolson Elementary School.
La vida es cuestión de actitud, de ver las cosas positivamente y buscar las oportunidades donde estés, afirma Brenda, una sonorense que se mudó a Tucsón para casarse con Richard.
Juntos han construido una linda familia, y uno de sus hilos conductores es el servicio social. Por eso, para Brenda fue fácil adaptarse a la vida en un nuevo país y aceptar la invitación de su suegra, Ana Valenzuela, directora de LULAC estatal, de sumarse a esa institución.
La sonorense ha compartido sus conocimientos contables y, sobre todo, sus ganas de ayudar, con inmigrantes, jóvenes y mujeres.
Sus dos hijos, Richard, de 6 años, y Sofía, de 6 meses, nacieron en ese ambiente, "son Lulacos", dice Brenda, quien en abril fue nombrada por LULAC como "la Mujer del Futuro".
Los niños los acompañan a los eventos y ven a su mamá trabajar en casa. Están creciendo con el ejemplo del voluntariado.
Eso y asegurarles su educación es lo que más le importa a Brenda. Cuenta que cada año invierten su devolución de impuestos en bonos para sus hijos, así ellos contarán con un ahorro para estudiar la universidad.
Y, de vuelta al ejemplo, ella misma planea regresar a la escuela y hacer una segunda carrera, esta vez en enfermería. "Mi sueño siempre ha sido meterme a la medicina. Y nunca es tarde para estudiar", afirma Brenda, de 36 años, motivida por el ejemplo de su suegra, quien actualmente cursa una maestría.
Brenda ahora es cuidadora profesional (caregiver) de niños y ancianos. Ese es su empleo. Su trabajo es mucho más.
Stella Pope Duarte
"De las cosas que uno trae por dentro, que la angustian, uno mismo tiene la solución", asegura la escritora Stella Pope Duarte.
Lo sabe por experiencia. Su vida cambió una tarde que aparentaba ser común y corriente, pero que la llevó a dejar a un marido alcohólico y violento.
Fue en primera instancia la revelación de un sueño que durante 12 años se había repetido. Pero significó algo más: empezar a escucharse a sí misma. De esa decisión, en gran medida, se ha derivado su realización personal.
En el sueño, narra Stella, había "una mujer que todo el tiempo andaba detrás de mi ex marido y él se iba con ella. Yo le decía, ¡qué tonto eres, esa mujer no te quiere!, ¿por qué te vas con ella?".
A diario se preguntaba qué significaba eso. Un día, mientras lavaba los trastes después de haber dado de comer a sus cuatro hijos, lo comprendió.
"Cuando entendí que yo era esa mujer, me tuve que detener de la cocina. Y dije, 'Oh my God! ¿Nunca lo he amado?'".
Tuvo que ser ella misma quien descubriera el velo, luego de 17 años de matrimonio en los que no únicamente el sueño fue recurrente, también la adicción y el maltrato de su esposo.
Vicente y Mónica, sus hijos mayores, ya eran adolescentes. Deborah y John Mark estaban chicos, el más pequeño de sólo 2 años.
Los meses siguientes "fueron una tormenta". Los niños estaban en colegios privados y, aunque ella tenía trabajos de medio tiempo como educadora, fue difícil sustentar a toda la familia.
Stella además estudiaba una maestría en Educación.
Cinco años después de aquella revelación empezó a escribir. Hoy es una exitosa autora de talla internacional.
Creció en Phoenix bajo la cultura del esfuerzo, pero la cultura de la educación la adoptó ella misma. Su papá era carpintero y su mamá en algún tiempo empleada de lavandería y ama de casa con ocho hijos.
Fue la primera de su familia en estudiar una carrera. Después también una de sus hermanas mayores lo hizo.
De sus cuatro hijos, dos ya tienen título universitario y dos están en vías de conseguirlo.
La autora de "Que Bailen los Espíritus" y de "If I Die In Juárez", entre otras obras, disfruta a sus siete nietos, promueve sus libros, está escribiendo tres más y participa en cuanta actividad comunitaria se le presenta a favor de los inmigrantes o las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar.
Y en todo lo que hace, dice y escribe, hay un mensaje común: "Dios ya ha puesto los pensamientos en nosotros, uno sólo debe escuchar sus pensamientos y preguntarse ¿qué quiero para mi vida?".
- Rigo Valencia Especial Para La Estrella de Tucsón
Por Rigo Valencia
Especial Para La Estrella de Tucsón
En Estados Unidos se celebra anualmente el segundo domingo de mayo. En México es el 10 de mayo. Se celebra la maternidad y es un tiempo ideal para mostrar el aprecio por las madres.
El Día de las Madres suele ser un día de fiesta. Se dan regalos, tarjetas, flores, dulces, hay comidas especiales para las mamás, abuelas, bisabuelas, madrastras y madres adoptivas.
El pasado domingo fue ese día en que les dedicamos esa atención especial a todas esas madres preciosas que representan el orgullo de la familia y así nuestra comunidad celebró a su manera.
Leopoldo Bustamante puso su alarma para poder despertar a media noche a dar serenata a su suegra “Tulita” Acedo, con las mañanitas y otros tributos célebres.
Luis Salazar utilizó una receta ancestral para complacer a su familia con un exquisito platillo de puerco para agradecer a la reina de la casa, Diana Arias, “una madre linda y especial”, nos dijo.
“Este día se aprovecha también para unirse entre toda la familia, amigos y parientes. Es un día donde se convive y se goza al máximo”, expresó Miguel Ortiz.
Vanessa Mendívil compartió, “le celebramos a alguien con nombre común; le celebramos a esa persona que nos dio vida, amor y consejos. A esa mujer llamada madre”.
Esperando que haya sido un día muy inolvidable para todas sus familias.
Feliz día a todas nuestras madres y figuras maternas tan queridas en la comunidad de Tucsón. Que Dios las bendiga siempre.
“Mini-mom” o mini má es como Liane Hernández llama a su hermana mayor, Rose Hurwitz.
Hernández, quien es directora de vida comunitaria y chef ejecutiva de la YWCA, se fue a vivir con su hermana y su cuñado cuando su mamá se puso enferma y no podía cuidarla.
Su mini mamá, una mujer de carácter fuerte, de hechos, que no se anda con tonterías, dejó huella para siempre en su hermana, quien ahora usa las lecciones de su hermana para moldear a otras mujeres.
Lección 1: “No hay duda sobre la fortaleza de las mujeres”, dijo Hernández.
Lección 2: “Si queremos hacer algo, es un hecho que lo haremos”, dijo Hernández.
Lección No. 3: No olvidar las lecciones 1 y 2.
Hernández no mencionó la tercera lección cuando platicamos en uno de los descansos de su apretada agenda en el jardín de la YWCA la semana pasada. Pero fue claro que es parte de su caja de herramientas para crear un cambio social y de empoderamiento en la YWCA, haciendo de ese centro al oeste de la ciudad un punto comunitario más visible y vibrante.
En la oficina de North Bonita Avenue en la ladera oeste del Río Santa Cruz, Hernández y el resto del equipo, lideradas por la directora ejecutiva Kelly Fryer, desarrollan programas y servicios en una plataforma de tres aristas: “eliminar el racismo, fomentar el empoderamiento de las mujeres y promover la paz, justicia y dignidad”.
La YWCA ayuda a mujeres empresarias y provee herramientas para superar la pobreza; desarrolla líderes latinas jóvenes y ayuda a mujeres inmigrantes a superar las divisiones sociales y económicas; patrocina foros sobre la lucha contra el racismo; apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo y los derechos de los migrantes, trabaja para reducir las encarcelaciones masivas y ofrece un espacio a las mujeres artistas para exhibir su obra.
El viernes 1 de mayo, la YWCA tendrá un desayuno para recaudar fondos con la presencia de la senadora por Missouri María Chappelle-Nadal, líder de los derechos civiles y activista que representa a Ferguson y una parte de St. Louis.
“Hay muchas cosas que esta organización ha hecho y sigue haciendo”, dijo Hernández, de 42 años, quien vive en el Barrio Hollywood.
Una de nueve empleadas, Hernández trabaja en la cocina y en la comunidad.
En la cocina, Hernández, quien tiene estudios culinarios, supervisa el Café @ the YW. Empezó en agosto de 2013 con una estación de café en el vestíbulo y se expandió en febrero a una cafetería que además de preparar alimentos sirve como programa culinario para mujeres jóvenes.
La cocina de YW tiene también un programa de comida para eventos, ya sea dentro de la YWCA o fuera.
En el poco tiempo que ha transcurrido desde que el Café @ the YW se expandió, Hernández ha sido testigo del crecimiento de las mujeres, empleadas y voluntarias, que están trabajando en el programa culinario.
“Se les ve caminar un poco más erguidas”, dijo.
En gran parte gracias a Rose.
Rose trabajó en Phoenix con Chicanos por la Causa, una agencia de servicio social y organización de defensa.
Hernández, quien creció en Phoenix, vio a su mini mamá hacer tratos con los demás, incluyendo a otros empleados, activistas y políticos de una forma justa pero determinada. Su hermana tenía su forma con ellos.
“La gente simplemente entraba en línea”, dijo.
Hernández trajo consigo la lección de su mini má cuando se mudó a Tucsón en 1990 para estudiar antropología en la Universidad de Arizona. Terminó sus estudios comprendiendo la falta de balance entre las comunidades de color marginadas y las dominantes.
En comunidades de baja representación, las historias y los anhelos de la gente no se dicen propiamente o simplemente no se dicen. Con frecuencia, los cuentos de aspiraciones y éxitos son olvidados.
Estos problemas fueron la base de la visión de participación comunitaria de Hernández.
Pero antes de sumergirse en la problemática de la comunidad, decidió convertirse en chef. Encontró que en los comedores podía conectar con la gente y ser parte de sus celebraciones y de sus vidas.
Pero, sobre todo, su trabajo culinario le dio un sentido de servicio. “Lo tomo muy en serio”, dijo.
Cocinar la llevó al servici de banquetes, y éste la llevó a la YWCA. Todo está conectado, resaltó.
Con la creación del Café @ the YW, está desarrollando un centro comunitario como empresa social.
La YWCA, dijo, está poniendo la mesa para el cambio.
“Tomo esta metáfora muy en serio”.
Por Emily Bregel
La Estrella De Tucsón
Milissa Mace y Catalina García han estado juntas tanto tiempo que una termina la frase de la otra. Ellas personifican la máxima de que los polos opuestos se atraen.
Como madres de cuatro niños, la calidez y facilidad de trato de Mace se complementan con la forma de ser tranquila y receptiva de García.
Cuando se trata de disciplinar, “lo balanceamos, de esa forma no hay una mamá buena y un papá malo. Estamos iguales”, dijo Mace.
Este año, la pareja de 20 años de unión recibió el premio nacional Ángeles en Adopción por abrir las puertas de su casa bajo el programa de cuidado temporal a más de una docena de niños de la reserva Pascua Yaqui y del área de Tucsón; a cuatro de ellos los han adoptado.
Mace y García, esta última miembro de la Tribu Pascua Yaqui, dijeron que se sentían conmovidas y honradas por el premio.
“Ser reconocidas nos hace sentir muy orgullosas de lo que somos”, dijo Mace. En septiembre, la pareja viajó a Washington D.C. para recibir el premio, haciendo paradas turísticas entre las reuniones con legisladores y familias adoptivas. Estaban entre 127 premiados nacionales. El reconocimiento se otorga cada año por el Instituto de la Coalición del Congreso en materia de Adopción (Congressional Coalition on Adoption Institute), una organización sin fines de lucro.
Mace, quien es oficial de servicios previos a los juicios de la tribu, dice que muy seguido ve a gente joven con antecedentes de abuso y negligencia llegando al sistema correccional. Conforme esos niños crecen, ella ve cómo algunos perpetúan el ciclo disfuncional cuando tienen a sus propios hijos. Mace y García tienen la esperanza de que ofrecer al menos unos cuantos meses de estabilidad ayudará a los niños a romper ese círculo vicioso.
Su trabajo en el cuidado temporal de niños inició cuando llevaron consigo a un sobrino de García de tan sólo tres semanas de nacido, Víctor, quien ahora tiene 14 años y a quien finalmente adoptaron. Certificadas por la tribu como padres de adopción temporal (Foster parents), han dado cobijo a seis niños de la reserva, siempre trabajando de cerca con los padres biológicos para mejorar las oportunidades de reunificación familiar.
“La familia de Cathy es muy grande; todos los niños a los que hemos recibido han estado de alguna forma relacionados con algún familiar. Trabajamos mucho en que se reúnan con sus familias”, dijo Mace. “A cada niño que tenemos con nosotros tratamos de enseñarle que estamos aquí sólo por un tiempo. Pero lo que aprendas de nosotros, te lo llevas contigo”.
La licencia
En 2012, Mace y García fueron certificadas como padres adoptivos por Devereux Arizona, la agencia de asistencia al menor que nominó a la pareja para el premio. Han acogido a nueve niños de todo el estado.
Hasta septiembre, cerca de 17 mil niños en Arizona estaban en custodia del estado –un incremento del 75 por ciento desde el 2007, cuando había nueve mil 700 niños. La legislatura estatal del 2009 recortó los servicios de apoyo familiar –incluyendo las guarderías subsidiadas-, agobiando a familias que ya batallaban en la recesión, dijo Lane Narker, directora ejecutiva de Devereux Arizona.
“Desafortunadamente, los servicios infantiles suelen estar en lo más alto de la lista, en términos de recortes. Ahora estamos viendo las consecuencias de eso”, dijo.
En los años recientes, Devereux ha contactado a varias parejas del mismo sexo y personas de la comunidad lésbico, gay, bisexual y transexual para encontrar hogares amorosos para el creciente número de niños en custodia estatal.
Paternidad conjunta
Mace y García dicen que siempre se consultan una a la otra antes tratar temas de importancia con los niños.
Si uno de ellos se mete en problemas en la escuela, ellas platican primero sobre cómo llegarle al niño. Luego, siempre le dan al niño o niña la oportunidad de que explique qué pasó, dijeron.
García dice que sus amigos y familiares dicen que ellas hacen que ser padres parezca fácil. Y aunque García no lo llamaría algo fácil, la dedicación de la pareja a comunicarse una con la otra hace la diferencia, dijo.
“Es difícil”, dijo, “pero vale la pena”.
Adopciones de
parejas del mismo sexo
Dado que la pareja adoptó a Víctor en la corte de la tribu, los nombres de ambas aparecen en su acta de nacimiento como padres. Pero en el caso de los tres niños adoptados a través del estado de Arizona –John, de 3 años, Julian de 4 y Jackson de 8- sólo a García se le permitió aparecer oficialmente como su madre. Mace es tutora legal.
Arizona sólo permite que marido y mujer adopten juntos, dejando a las parejas del mismo sexo y a las parejas heterosexuales que no están casadas con menos derechos de custodia si algo le sucede a la persona que es oficialmente el padre adoptivo.
Los abogados dicen que está por verse si la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo en Arizona se traducirá en garantías para que esas parejas puedan adoptar en conjunto.
Esa probablemente sea la única razón por la que Mace y García considerarían casarse, dicen, después de 20 años de ser una pareja comprometida una con la otra.
En la tierra soberana de Pascua Yaqui, no hay restricciones basadas en la sexualidad o el estado civil de quienes desean adoptar en conjunto, dijo Alfred Urbina, fiscal general de Pascua Yaqui.
Como en el resto del estado, la cifra de niños en la reserva que no están bajo el cuidado de su familia va en aumento, dijo.
Especialmente en tierras tribales, la falta de empleo y la infraestructura económica ha implicado que más familias batallen para dar a sus hijos lo necesario, dijo. El abuso de drogas es también una de las causas principales por las que quitan los hijos a sus padres.
Las familias que dan cuidados temporales o que adoptan niños, como Mace y García, pueden cambiarles la vida a los niños, dijo Urbina.
“Les están dando amor a estos niños en la etapa más importante de su vida, cuando han sido sacados de su casa y tienen miedo y no entienden qué pasa”, dijo. “Es increíble lo que estos padres temporales hacen por los niños. Es algo que no valoramos lo suficiente”.
- Fotos y textos por Rigo Valencia Especial para La Estrella de Tucsón
El amor incondicional que brinda una madre le nace del corazón. Su espíritu es el de una guerrera defendiendo y construyendo esperanzas para una vida llena de paz y felicidad para su familia.
Por eso, el Día de las Madres es una ocasión tan importante en la que se reúnen las familias por todo el mundo a celebrar a la reina de la familia, como un reconocimiento muy especial por todo lo que hacen.
“Mi mama es la razón por la que vine a este mundo. La razón de que yo exista. Y por eso es que su felicidad es lo más importante para mí”, exclamó Isaac Magaña.
Ese es el día en el que las madres no se preocupan de nada, en el que les espera un día dedicado a ellas con cariño especial.
Bertha Haros Cubillas de Valencia, nos dijo: “Yo siempre feliz porque Dios me ha bendecido con otro día para saber que toda mi familia se encuentra en buena salud y que tienen paz en sus vidas, eso es el mejor regalo para mí”.
Además de expresar nuestra gratitud con cenas, regalos y fiesta, esta es la oportunidad, más que nada, para comunicarle y decirle: “¡Muchas gracias madre querida por todo lo haces y eres en mi vida. Te quiero con todo mi corazón!”.
Porque ellas son las que se preocupan tanto por nuestras necesidades y bienestar, deseamos que por siempre viva en todos ustedes la gloria de sus madres, presentes o ausentes, en todos los aspectos de su vida diaria.
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