Douglas.- Como pasa en muchas de las ciudades cuya actividad depende de un solo giro, esta antigua ciudad fundidora ha batallado desde que perdió a su mayor empleador hace casi 30 años.

Ahora sus habitantes esperan que el arte -y los artistas- puedan ayudar a dar una nueva vida a Douglas.

Una pareja de artistas exploró el país y eligió Douglas. Otra pareja abrió un café y promueve presentaciones artísticas transfronterizas. Y otro más está creando un museo de carros de arte.

Hay algo mágico sobre Douglas, dijo el artista y propietario de un café Robert Uribe. Sólo tenemos que mejorarlo.

Una iglesia por 28 mil

El paisaje, el ritmo de vida lento y el bajo costo de la propiedad atrajo a Douglas a unos pintores del área de San Francisco.

“Hemos estado en el Área de la Bahía, cada uno de nosotros por un tiempo considerable, hartos del congestionamiento y los precios altos”, dijo David Ivan Clark, originario de Canadá.

Él y su pareja, Mieko Hara, una pintora japonesa, vieron más de 30 escuelas, almacenes e iglesias viejas por todo el país. Al final compraron una vieja iglesia cerca de la frontera por 28 mil dólares -más o menos lo que representa un año de renta en Oakland- en una ciudad de la que no conocían nada.

Aunque Douglas es la segunda ciudad más grande del Condado Cochise, después de Sierra Vista, en estos tiempos a la ciudad no están llegando muchos residentes nuevos.

Desde 1990, su población sólo ha crecido de unos 13 mil a 17 mil habitantes, lo que representa una tasa de crecimiento mucho menor a la del condado y el estado en general.

Esa falta de demanda por las propiedades representa una oportunidad para artistas que buscan un espacio para crear su obra y para potenciales empresarios en busca de un lugar barato para instalar una tienda.

Uribe, el dueño del café, y su esposa, Jenea Sánchez, originaria de Douglas, se instalaron en Douglas en el 2011. Poco tiempo después consiguieron un préstamo para pequeñas empresas y abrieron una cafetería en el centro de la ciudad, justo sobre la Avenida G, la calle principal. En el 2014 compraron el edificio.

“Douglas no es una ciudad de muchas ganancias”, dijo Uribe. “Nuestro negocio va bien, pero nosotros tenemos objetivos más grandes”.

Los objetivos son construir relaciones en ambos lados de la frontera. Desde que abrieron el café, Uribe y Sánchez han tenido exposiciones de fotografía y talleres de arte, noches de micrófono abierto para artistas y, a principios de diciembre, una noche de ayuda financiera.

El verano pasado, esta joven pareja, ambos artistas, empezaron un corredor artístico y en octubre realizaron su primer evento binacional, que coincidió con la instalación binacional de arte más grande que ha habido en esa frontera, montada por un colectivo de arte indígena.

En ese par de días, Galiano’s Café & Smoothies vendió casi lo que habitualmente vende en un mes, dijo Uribe.

“Hay muchas cosas que podemos mencionar que necesitan mejoras”, dijo Uribe, quien planea postularse para alcalde. “Pero todo empieza con una actitud positiva”.

Fortunas mineras

En sus inicios, Douglas fue una ciudad en auge.

“Todas las tiendas del centro estaban ocupadas”, dijo Eddie Page, de 83 años, cuya abuela se fue de Agua Prieta a Douglas en 1910. Su papá, que venía de Oklahoma, decidió quedarse en Douglas luego de que se descompuso su carro cuando iba en camino a California para recoger naranjas.

“Debe haber habido unos 12 bares, cuatro bancos y más dinero del que puedas imaginar en esta ciudad”, dijo.

Localizada en el Sulphur Springs Valley, o Valle de Manantiales de Azufre, Douglas fue fundada en 1901 por la empresa Phelps Dodge para ubicar su fundición. Para 1914, el pueblo ya tenía unos 5 mil residentes, y para 1960 eran casi 12 mil, dijo William Ascarza, historiador, archivista y escritor que publica una columna semanal en el Arizona Daily Star.

La empresa tenía tiendas y construiría escuelas, bibliotecas y hospitales en los lugares donde tuviera operaciones.

“Cuando estábamos creciendo teníamos salas de billar y buena comida”, dijo Page. “Era fantástico”.

Después, en 1985, funcionarios federales de salud registraron un nivel de 25 microgramos por decilitro de plomo en la sangre de niños de Douglas, aproximadamente cinco veces más que el nivel de referencia a partir del cual los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades recomiendan que se inicien acciones de salud pública.

En lugar de mejorar sus instalaciones para cumplir con los estándares federales de contaminación ambiental, la fundición fue cerrada en 1987, dijo Ascarza. Los cañones de chimeneas fueron retirados cuatro años después.

Un panorama difícil

Ahora, lo primero que vez cuando llegas a Douglas es la prisión y el almacén del Kmart vacío”, dijo Page, quien tiene muchos años viviendo ahí.

Douglas no tiene una gran industria privada, la mayoría de los empleos son en el gobierno o en tiendas menudistas. El Complejo de la Prisión del Estado de Arizona es la fuente de empleo más grande de la ciudad, seguido por un centro de atención al cliente que abrió en el 2008.

Hay más de 700 agentes de la Patrulla Fronteriza trabajando en el área, más los agentes de aduanas y otros empleados federales, pero la mayoría vive fuera de Douglas.

El alguna vez bullicioso centro de la ciudad, localizado aproximadamente a 115 millas al sureste de Tucsón, está cubierto de ventanas selladas con madera, edificios con segundos pisos desocupados y calles desoladas. Incendios recientes han destruido varios edificios históricos.

Recientemente ha habido algunos aspectos económicos positivos, como las obras de construcción alrededor de un complejo médico y una tienda de insumos para tractores. Pero todo aquel que enfrenta los retos de la ciudad ha visto reducido su trabajo.

La ciudad enfrenta bajos niveles educativos, carece de un hospital completo, tiene escuelas de kínder a 12avo grado con bajos resultados en sus evaluaciones, falta de infraestructura para el transporte y la percepción de áreas fronterizas inseguras, dijo Robert Carreira, director del Centro para la Investigación Económica del Colegio Cochise.

Aun cuando los dueños de comercios locales dicen que aman a la ciudad, algunos agregan que es difícil sentir su amor correspondido.

Marlin’s Saddle Shop, ubicada en la Avenida G, junto a un edificio vacío donde antes estaba el banco Chase, se mantiene en el negocio porque es una tienda especializada que no compite con las cadenas nacionales, dijo su propietario, Gerry Bohmfalk.

Pero ni eso es suficiente. Nacido y criado en Douglas, Bohmfalk está vendiendo su tienda. Tiene 65 años de edad y dijo que se siente listo para jubilarse y mudarse a Texas para estar más cerca de su familia.

Ana Altamirano, dueña de Son Paises al este de la Calle 10, creció entre Douglas y Agua Prieta. Ella pensó que el éxito que encontró vendiendo ropa de mujer por Internet se trasladaría a un punto de venta, pero hasta ahora los altibajos han sido difíciles.

“Hay ocasiones en que tienes una buena semana y luego tienes una muy lenta y te empieza a doler el estómago porque tienes que pagar el recibo de la luz, la renta, el teléfono”, dijo.

Como muchos otros dueños de tiendas en el centro, dijo que mucha gente de Douglas no compra en la ciudad. Altamirano dice que ella sólo se culpa a sí misma, o al menos a la persona que solía ser.

“Antes de tener mi propio negocio, yo solía hacer lo mismo. Agarraba a mis hijos y les decía ‘vámonos a Sierra Vista’ o ‘vámonos a Tucsón’”, confió. “Era un día para salir, comer en algún lugar bonito, comprar en el centro comercial, estar rodeados de gente”.

Dijo que está determinada a tener éxito y que hará su parte para que las cosas caminen.

“Yo no quiero que mi pueblo desaparezca”, dijo. “Aquí quiero vivir por el resto de mi vida”.

Oportunidades disponibles

Aunque el tipo de cambio del peso frente a un dólar fuerte ha reducido el poder de compra de los consumidores mexicanos en el último año, la creciente economía mexicana sigue siendo buena para Douglas, que depende de sus vecinos del sur en más del 70 por ciento de los ingresos por impuestos de venta.

El alcalde de Douglas, Danny Ortega Jr., empresarios y la congresista Martha McSally están impulsando un nuevo puerto de entrada comercial en la frontera.

La garita actual en el centro de la ciudad, construida en 1933 y ampliada en 1993, tiene una capacidad muy limitada de crecimiento. Hay planes para un puerto comercial unos cuantos kilómetros al Oeste, pero la propuesta está estancada en Washington.

Ortega está viendo algo más que la expansión del puerto, que los proyectos de la ciudad puedan traer más tráfico por el área y subsecuentemente más empleos en áreas como almacenaje o paradas para camiones. Cada día cruzan más de mil 500 cabezas de ganado por Douglas, dijo, lo que representa millones de dólares pasando por la ciudad.

“Quizá podríamos poner un lote de alimentos, quizá un centro de procesamiento de carne”, dijo Ortega. “¿Podemos de alguna manera crear un mercado o capitalizar eso?”.

Dos maquiladoras en la localidad, Takata Seat Belts y Velcro USA, también buscan expandirse, dijo, lo que podría agregar hasta 60 puestos de trabajo.

Douglas también tiene el Colegio Cochise, uno de los primeros en el estado en ofrecer el programa de entrenamiento para pilotos, el cual sigue creciendo. El clima favorable y la visibilidad en el área permiten ese tipo de entrenamiento todo el año.

Y la ciudad tiene el Parque Industrial Cochise de más de 30 hectáreas con terreno y servicios públicos disponibles, junto con terreno barato y con potencial para ser desarrollado, según muestra el mapa de carreteras de las comunidades fronterizas de Arizona del 2013.

Los puntos al aire libre alrededor de Douglas también podrían convertirse en punto de venta, dijo Tom Allen, dueño de Good Way Café en el este de la Calle 19.

“Es un gran lugar para la caza, la pesca, el senderismo y para observar a las aves”, dijo.

Allen se regresó a Douglas recientemente después de vivir en más de seis lugares mientras trabajaba en UPS. Después de que se jubiló, dijo, estaba en busca de iniciar un negocio que no fuera demasiado costoso, y sus dos hijas viven en Douglas.

Vio la oportunidad de renovar algunos edificios históricos para hacerlos condominios u oficinas, igual que lo han hecho otras ciudades. Quizá Douglas podría ofrecer incentivos para que funcionarios federales se muden ahí, dijo.

Quiere comprar un edificio en el centro, al que él llama el corazón y el alma de la ciudad.

“Yo estaba aquí en 1977 cuando Phelps Dodge estaba aquí y vi la prosperidad en ese entonces”, dijo. “Eso no quiere decir que no pueda volver a suceder”.

Un buen pueblo

Cuando Clark y Hara, los artistas del Área de la Bahía, les dijeron a sus amigos que se mudarían a Douglas, algunos estaban preocupados. Les mandaron enlaces a sitios de Internet en los que se retrataba una ciudad en la que los carros ardían a la orilla del camino, perforados por balas.

“Había información ahí que si no la revisas con cuidado, puedes formarte una mala opinión”, dijo Clark.

Pero él investigó más y encontró que las ciudades fronterizas por lo general tienen bajos índices de criminalidad.

Cuando recién se mudó en el verano del 2011 y trabajaba en acondicionar la iglesia, Clark dejó su mochila con una computadora portátil, una cámara y otras cosas de valor en los escalones. Regresó a buscarla y la mochila ya no estaba ahí.

Mientras esperaba a que llegara la policía para presentar el reporte, “una mujer vino desde la esquina con mi bolsa al hombro. Ella estuvo dando vueltas a la cuadra para regresármela. Eso nunca habría sucedido en el este de Oakland”.

Atraer artistas y hacer que haya eventos comunitarios podrían ser buenas formas de atraer visitantes dispuestos a gastar, dijo Nubia Romo, dueña de Once Upon a Dream, una academia de baile dentro del Hotel Gadsden.

“El centro de Bisbee y todos sus negocios son boyantes por sus visitantes, no por la gente de Bisbee”, dijo. “Si tenemos visitantes comprando aquí, quizá nuestra comunidad empezaría a comprar en la ciudad”.

La clave para la revitalización de Douglas es traer gente que no dependa de la economía local, dijo Bruce Endres, un arquitecto originario de Minnesota que se mudó a Douglas en el 2005.

Endres, quien buscará la alcaldía el próximo año, dijo que otras ciudades sustentadas en una empresa, como Cleveland y Pittsburgh, han logrado reinventarse.

“Necesitamos hacer algo diferente a lo que han estado tratando de hacer”, dijo.

Para Endres, atraer a artistas como Clark y Hara es un buen comienzo, y también lo es la presencia de Harrod Blank, un artista y director de cine de California que intenta montar y operar el museo Art Car World (cuya historia publicaremos próximamente).

Desde 2005, Blank ha comprado dos edificios en el centro de la ciudad y tiene 23 carros de arte –vehículos transformados en piezas de arte rodantes– listos para exhibirse cuando el museo esté terminado.

“Yo no podría hacer eso en Oakland o en Berkeley. Ni siquiera en Tucsón”, dijo Blank. “Esto es lo que tiene Douglas. Sólo necesita un poco de dinero y de amor y podemos hacer que algo suceda”.


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