Cuando Pat Corella obtuvo su primer empleo recién salido de la preparatoria, fue como acomodador en una biblioteca. Regresaba los libros a los estantes en la vieja biblioteca Carnegie en el centro de la ciudad.

“Era algo que podía hacer”, resumió en respuesta a si esa tarea estaba a la altura. “No me importaba. Necesitaba trabajo”, dijo Corella.

Al final resultó que los libros de biblioteca, los servicios y el rol vital que juegan le importaron lo suficiente como para quedarse en la biblioteca.

Eso fue hace 50 años, cuando los usuarios se apoyaban en el catálogo de fichas para ubicar libros y cuando los bibliotecarios ponían manualmente un sello con la fecha de regreso en la página interior del libro y trabajaban con máquinas de escribir. Ahora, por supuesto, el sistema es computarizado y las bibliotecas en general han evolucionado a algo más que depositarias de libros y otros materiales de lectura.

Con cinco décadas tras de sí, Corella se jubiló esta semana de su empleo como subdirector de Bibliotecas Públicas de Pima, donde supervisaba presupuestos de operación y mejoras al capital, así como los presupuestos de más de 500 empleados y 27 bibliotecas.

Muchas cosas han cambiado para las bibliotecas públicas y más cambios se avecinan, dijo Corella, quien se llamó a sí mismo “dinosaurio”.

“Le que me mantuvo aquí”, dijo, “es que yo consideraba a la biblioteca una institución educativa”.

Sin duda, la tecnología seguirá siendo una parte creciente y crucial del sistema de bibliotecas públicas, dijo Corella, pero los buenos libros al estilo antiguo no van a desaparecer, agregó.

“No importa lo que pase”, dijo Corella, sentado en su oficina en el cuarto piso de la Biblioteca Principal Joel D. Valdez, en North Stone Avenue, a varias cuadras de la antigua biblioteca en South Sixth Avenue, donde ahora está el Museo de los Niños de Tucsón. El último día de Corella fue el 26 de noviembre, 50 años después de su primer día de trabajo acomodando libros.

El trabajo en una biblioteca no se veía en su futuro cuando Corella estaba en la preparatoria Pueblo, de donde graduó en 1965.

El originario de Tucsón, el de en medio entre seis hermanos, pasaba los veranos con su familia en la cosecha de cultivos en California. Estaba en primaria cuando su familia empezó a hacer esos viajes de verano y él los siguió haciendo hasta la preparatoria. Por varios años, Corella regresaba a Tucsón solo, mientras su familia se quedaba en California a terminar la temporada de cosecha.

El mismo año en que terminó la preparatoria empezó en la biblioteca. Almacenaba libros en los estantes, trabajó en circulación, fue operador de equipo. Pero el gran salto vino cinco años después, en 1970, cuando Corella ingresó a la Universidad de Arizona como estudiante de tiempo completo en el área de gobierno y administración pública.

Estaba casado, y él y su esposa Gloria tuvieron un hijo. Ella trabajaba, y Corella siguió trabajando en la biblioteca mientras se esforzaba por sus estudios. Obtuvo su licenciatura en menos de cuatro años.

Luego vino el bibliobús o bookmobile.

Era su trabajo manejar el bibliobús hacia áreas del condado y la ciudad donde no había servicio de bibliotecas, desde Silverbell en el norte hasta Sells en la Nación Tohono O’odham y a Arivaca en dirección a Nogales. Esa experiencia impresionó a Corella.

Para finales de los setentas, Corella se unió al personal administrativo como asistente del director. Empezó su carrera en administración, pero Corella no perdió de vista su principal misión: ofrecer los mejores servicios de biblioteca posibles frente a la indiferencia política y los problemas financieros.

Las bibliotecas no son vistas como servicios críticos. Sus servicios no son obligatorios como las calles o la seguridad pública. Pero sólo la persona más coda y miope diría que las bibliotecas no son necesarias.

Las bibliotecas de ahora ofrecen programas educativos y de alfabetización para adultos y niños. Tienen computadoras para la gente que no puede adquirir una y tutorías para estudiantes después de la escuela. Tienen salas de reuniones y ofrecen conferencias y exhibiciones de arte.

En Tucsón, una enfermera pública trabaja en la biblioteca principal para atender problemas de salud pública de usuarios, por lo regular de gente que vive en la calle.

Corella siente una gran admiración por los bibliotecarios, muchos de los cuales también son trabajadores sociales.

“Ellos se hacen a sí mismos a un lado”, dijo. “Siempre están dispuestos a ayudar”.


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Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al 573-4187.