SAN DIEGO — Los republicanos parecen haber encontrado, finalmente, la traducción de “Departamento de Comunicaciones de los Demócratas”. Se pronuncia: “Univisión”.
El Comité Nacional Republicano recientemente anunció las redes de televisión que transmitirán y moderarán una serie de debates entre los candidatos del Partido Republicano en la elección de 2016. La mayor red de habla hispana de la nación fue eliminada de la lista.
Algunos se asombraron, otros se indignaron.
Yo no me sentí de ninguna de las dos maneras. MSNBC, que es descaradamente liberal, tampoco figuró en la lista.
Podría haber más de una docena de republicanos debatiendo en el escenario. ¿Y encima de eso tendrían que debatir con el moderador?
Además, aunque Univisión ganó una fortuna trasmitiendo novelas estereotípicas y programas de variedades misóginos, no es una cadena real de noticias. Y muchos de los que trabajan allí no practican un periodismo real. Se puede describir mejor como trabajo de incidencia en TV y abogan por una causa por sobre todas las otras: la reforma migratoria. A los republicanos se los pinta como villanos.
Univisión durante mucho tiempo lo ha querido todo. Pretende ser la cadena “para” los hispanos, pero no es propiedad de hispanos ni está controlada “por” ellos. En 2006, Univision Communications fue adquirida por la suma de 13,700 millones de dólares por un consorcio liderado por Saban Capital Group. Su fundador, el multimillonario Haim Saban, es un prominente defensor de Hillary Clinton, y su esposa, Cheryl, fue nombrada por el presidente Obama como representante de Estados Unidos en las Naciones Unidas.
Sin embargo, aparentemente, debo considerar la decisión del CNR como un desaire personal.
¿Por qué? A esta cadena yo no le importo, y -por ser un hispano que mira principalmente televisión en inglés— no está dirigida a mí.
¿Han decidido los republicanos realmente no comunicarse con los electores hispanos?
Es así como los funcionarios de Univisión están manipulando esa decisión. En una entrevista con Huffington Post, el vocero de Univisión, José Zamora, exageró el valor de su cadena. A propósito, la cadena está a la venta. Saban y sus socios piden por lo menos 20 mil millones de dólares.
“Hay una realidad política muy simple -los hispanos decidirán la elección presidencial”, dijo Zamora. “Nadie puede igualar el alcance de Univision y su capacidad de informar, de proveer de acceso y potenciar a los hispanos de Estados Unidos. Todo el que quiera llegar a los hispanos e interesarlos deberá hacerlo por medio de Univisión”.
Entonces, ¿la única manera de comunicarse con los hispanos, el 80 por ciento de los cuales consume noticias en inglés, es por medio de la televisión de habla española?
Zamora siguió.
“La comunidad hispana se merece oír las políticas y opiniones de todos los partidos políticos, y Univisión está comprometida a proporcionar acceso a todos los puntos de vista,” dijo.
¿Desde cuándo le interesa a esa cadena “proporcionar acceso a todos los puntos de vista”?
Ese comentario debe haber estado dirigido a los que nunca han visto Univisión. Yo la he visto. Y recuerdo dos entrevistas en particular. Una fue un interrogatorio, la otra, una coronación.
El colocutor, Jorge Ramos, se sentó en 2012 con el senador de Florida Marco Rubio, un republicano que habla español de corrido, y lo atacó por pertenecer a un partido que Ramos considera hostil a los latinos. Ramos quiso saber cómo Rubio, hijo de inmigrantes, no “defendía a los más pobres, a las víctimas más perseguidas, a los más vulnerables” -entre los que estaban los indocumentados.
Mientras tanto, sólo unos pocos meses después, la colocutora María Elena Salinas, entrevistó a la estrella demócrata ascendente, Julián Castro, ahora secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano. Entre preguntas suaves, Salinas suavemente le tomó el pelo por el hecho de que no habla español de corrido. Castro respondió que aunque no pensaba que era necesario hablar español, sí lo consideraba beneficioso. Estaba tomando clases, le dijo a Salinas.
Tanto Ramos como Salinas han estado repetidamente en la Casa Blanca para encontrarse con el presidente Obama.
En 2010, Ramos -quien ha dicho que los periodistas “debemos mantener nuestra distancia del poder”— fue invitado a una cena de Estado para el presidente mexicano Felipe Calderón. También figuraban en la lista de invitados miembros demócratas del Congreso y celebridades latinas, como Eva Longoria, quien más tarde fue nombrada copresidenta de la campaña de reelección de Obama.
Ese mismo año, Salinas fue invitada a la Casa Blanca como parte de un grupo de “accionistas” en el debate de la inmigración, y mandó un Tweet después del encuentro indicando que Obama había explicado que no tenía el poder de detener las deportaciones -lo que, dos años más tarde, el Presidente hizo, de todas formas, cuando ofreció la acción diferida a los jóvenes indocumentados. El cambio hizo que Salinas y otros mensajeros de la Casa Blanca parecieran tontos.
Una y otra vez, Univisión y los que trabajan en esa cadena han sido leales a los demócratas. ¿Es de sorprender que los republicanos desconfíen de esa cadena?




