Nadie tiene todas las respuestas sobre ningún tema, y el cómo ser buenos padres no es la excepción. Los consejos a los papás, al igual que la ropa, tienen sus modas y tendencias.
Estoy de acuerdo con una parte de la moda actual, pero no con toda.
Michael Grose, experto australiano en el tema de paternidad, escribió que hay tres mensajes que todos los niños deben oír de sus papás: “Ve a jugar”, “Ayuda, por favor” y “Sé amable”. Totalmente de acuerdo en que estos mensajes son indispensables.
Sin embargo, no estoy de acuerdo en lo siguiente. En un boletín informativo publicado en el sitio parentingideas.com.au, Grose enlista palabras que, dice, los papás deberían de evitar, como “debes”, “nunca” y “siempre”. Se refiere a estas palabras como “términos absolutos que llaman a la resistencia a los niños a quienes no les gusta que les digan qué hacer”. Sugiere que esos términos se remplacen con “…alternativas moderadas que no arrinconan a los niños”. Ejemplos: “‘Por favor, sé puntual’ en lugar de ‘Debes ser puntual’”. “‘Es mejor ser respetuoso con tu maestro’, en lugar de ‘Nunca debes ser grosero con tu maestro’”.
Yo tengo una idea distinta de cómo deben hablarles los papás a los niños. En primer lugar, nunca he conocido a un niño al que le guste que le digan qué hacer. Todos los niños preferirían seguir jugando en lugar de alistarse para la escuela.
Pero la disciplina de los papás tiene tanto objetivos a corto como a largo plazo. El niño tiene que ir a la escuela, esa es la realidad del momento. Además, el niño tiene que empezar a aprender la autodisciplina para que en la universidad, cuando mami no esté ahí, el estudiante deje el juego y se vaya a clases. Ahora, necesitamos cumplir. Después, lo que queremos es que el niño sepa lo que el mundo espera de él para evitar ser sancionado, es decir, que sepa qué hacer.
En mi experiencia con mis propios hijos y en lo que he observado de padres interactuando con sus hijos, la principal razón por la que los papás se quejan de que sus hijos no los obedecen es cómo les hablan.
Puesto que este tema me parece muy importante, lo incluí en mi libro. Los principales puntos eran: Comunica claramente tus expectativas. Habla calmado. No hables demasiado. Usa “NO” cuando debas hacerlo, pero evita el “NO” cuando puedas. Sé específico en tu crítica, y critica el comportamiento, no al niño. Pon reglas específicas y comprensibles. Emplea el Comando Efectivo (ver recuadro). Usa el humor. Piensa antes de hablar.
La mayoría de estos puntos se explican por sí mismos, pero hoy quiero expandirme en la importancia de las reglas. Todos los niños necesitan saber cómo funciona el mundo y entender que no podría funcionar sin reglas (leyes). Las reglas para los niños deben ser específicas, apropiadas para su desarrollo mental, comprensibles y realistas. En otras palabras, claras como el agua.
Las reglas que no son realistas (“Nunca más vuelvas a jugar con tu hermano”) son confusas para los niños, como lo son las amenazas que nunca se van a cumplir (“Nunca más te voy a dejar salir a jugar afuera”).
Después de que planteas una regla o un expectativa, pídele al niño que repita lo que dijiste para que te asegures de que no hay malos entendidos.
¡No le des más avisos! Una regla es una regla. Si le haces advertencias (“La próxima vez que hagas eso te va a pasar esto”) el mensaje que transmites es que está bien romper la regla al menos una vez.
No podemos controlar cada aspecto de la vida de nuestros niños. Pero cuando se trata de un tema importante, nosotros estamos a cargo, somos los responsables. De hecho, les facilitamos las cosas a nuestros hijos si aceptamos nuestro papel de encargados con convicción y cuidado. Y les enseñamos a nuestros hijos lecciones importantes sobre la paternidad. Recuerdo haber escuchado a mi hija decirle a otro niño en nuestro carro: “Ponte el cinturón, o mi mamá no va a encender el carro”.
Así es que soy defensora absoluta de palabras como “debes” cuando son apropiadas. Los términos absolutos funcionan en ambos objetivos de la disciplina. Utilizar el “debes” y hacerlo cumplir hace que tu hijo deje de pegarle a su hermano menor y también ayuda a iniciar el proceso de enseñarle el autocontrol.
El niño empezará a generalizar (no puedo pegarle a un menor y no puedo pegar a nadie en la escuela). Se acordará de no pegar aunque mamá no esté ahí. Entenderá que pegarle a alguien menor nunca es bueno.
Desde mi forma de pensar, usar un término absoluto como “¡La regla es no pegar!” es una estrategia superior a utilizar una alternativa moderada como: “Es mejor si no pegas”.




