Navarrette

SAN DIEGO — El desinterés es primo hermano de la ignorancia. Si usted no está interesado en un asunto, no se sorprenda si acaba sin saber nada de él.

Eso es lo que ocurre con los latinos en Estados Unidos. La mayor minoría es también una de las que peor se comprende. Estados Unidos aún opera con un paradigma blanco y negro, aunque hay varias ciudades estadounidenses en que los latinos superan tanto a negros como blancos. Véase Dallas, Los Ángeles, Miami.

No encontrarán muchos latinos en Hollywood, ni en los programas matinales de política de los domingos -incluso cuando el tema de conversación en ellos seamos nosotros.

Pero estamos presentes casi por doquier, vivimos en cada uno de los 50 estados y uno de cada seis estadounidenses es latino. Aun así, por extraño que parezca, millones de nuestros compatriotas estadounidenses no saben ni lo más elemental sobre nosotros -ni tampoco tienen el menor deseo de enterarse.

La mayoría de los latinos somos versados en la cultura estadounidense. ¿Y por qué no? En algunos casos, hemos estado en su adobo durante cientos de años. Sin embargo, en general, ese conocimiento sólo va en una dirección. La mayoría de los no latinos no hicieron su tarea concerniente a la gran tribu creciente que vive entre ellos.

Si la hubieran hecho, sabrían que no hay nada que se parezca a “La Raza”, esa organización mítica, temida por muchos blancos por estar supuestamente maquinando un plan para vengar injusticias pasadas e infligir sobre ellos en este siglo, lo que se infligió sobre los latinos en el pasado. Esas fantasías paranoicas son más bien impulsadas por una conciencia culpable que por la realidad.

Lo que existe es la La Raza Lawyers Association de San Diego, una organización profesional de abogados y jueces integrados a la cultura predominante. Hablé con ese grupo y lo hallé totalmente inocuo. Vi un grupo de latinos de tez clara, que asistieron a universidades privadas y que hablan inglés mejor que español; algunos de ellos están casados con blancos y viven en los suburbios.

Si los nativistas están en lo cierto y hay una revolución en marcha, ese grupo sin duda no será punta de flecha.

Entre sus miembros se encuentra Gonzalo Curiel, juez federal de distrito, que arriesgó su vida para perseguir a narcotraficantes mexicanos mientras era fiscal federal y que ahora debe lidiar con un flagelo quizás más odioso: Donald Trump.

Curiel preside en una causa contra Trump University y el empresario afirma que Curiel, estadounidense nacido en el país y de ascendencia mexicana, está étnicamente predispuesto a ser injusto con él. Según Trump, el problema es que Curiel es “mexicano”. El presunto nominado presidencial republicano prometió construir una muralla de dos mil millas de largo entre México y Estados Unidos.

Trump supone que ese muro soñado creó resentimiento hacia él por parte del juez, aun cuando la conexión de Curiel con México es, diríamos, bastante tenue. Mientras procesaba a narcotraficantes mexicanos, su vida fue amenazada y pasó un año bajo protección de agentes federales.

No hay que confundir la asociación de abogados de San Diego con el Consejo Nacional de La Raza (CNLR), que dice promover los intereses de los latinos, pero que nunca va más allá de promover su propio interés. Hablé con ese grupo también, y escribí sobre él durante décadas. Esto es lo que hay que saber: el CNLR es, básicamente, un frente para liberales blancos, y las organizaciones y corporaciones que financian los programas de la organización son las que la manejan. No es separatista. Es capitalista.

En 2010, después de que Arizona aprobara una desagradable ley que esencialmente requería que la policía local realizara perfiles étnicos de los latinos, los grupos de base lanzaron un boicot contra el estado que finalmente fue finalizado por funcionarios del CNLR -a pesar de que el boicot no había sido organizado por ellos.

A propósito, una ex vicepresidenta de la organización que se especializó en inmigración es Cecilia Muñoz. Muñoz trabaja ahora en la Casa Blanca de Obama, en donde, como principal apologista del Presidente, se especializa en proporcionar fundamentos para deportar números récord de inmigrantes.

¿Y ése es el grupo al que los blancos de Estados Unidos tanto temen? ¿Realmente? El CNLR no está lleno de odio. Está domado.

Mientras tanto, muchos republicanos se están alejando de los comentarios de Trump sobre Curiel y el infractor pasa a la ofensiva. Trump dijo a sus sustitutos que den vuelta a la cuestión cuando los periodistas les preguntan sobre sus comentarios relativos al juez y acusen a los periodistas de ser racistas por caer en una “política de identidades”. Después de todo, según ese razonamiento, sólo un racista ve racismo cuando éste no existe.

Lamentablemente, en este caso sí existe. Y Trump es el único racista en la sala.


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La dirección electrónica de Rubén Navarrette es ruben@rubennavarrette.com. © 2016, The Washington Post Writers Group.