El pasado viernes 29 de agosto, la nueva película sobre el gran comediante mexicano Cantinflas, quien fue una súper estrella internacional del cine durante más de cuatro décadas a partir de los años treintas, se estrenó aquí y en todo el país. Para las audiencias de Estados Unidos, él fue mejor conocido por su premiada actuación de 1956 en el papel de Passepartout en “La vuelta al mundo en 80 días”.

Para algunos tucsonenes, sin embargo, el chato no necesitaba pasaporte. Él era la gran estrella del cine de su tiempo y de todos los tiempos.

“Era lo máximo para nosotros”, dijo Susie Arreola. “Siempre veíamos sus películas”.

Para generaciones de tucsonenes, Cantinflas tenía su corte en el viejo Cine Plaza, la casa del cine en español en West Congress Street, en el ahora extinto barrio del centro. Ahí era donde las familias mexicoamericanas de Tucsón se reían de las simpladas del chaplinesco Cantinflas, quien entretenía y atarantaba a la audiencia con su patentada ráfaga de elocuente gimnasia verbal.

Su estilo –el acomodo sin orden de las palabras, utilizando palabras incoherentes e inventadas y sin aparente sentido- es conocido como “cantinflear”.

“Uno en verdad tenía que poner atención a lo que él decía”, dijo Arreola, de 89 años. “Pero después de ver unas cuantas de sus películas, uno ya sabía lo que estaba diciendo”.

Su legión de fans adoraba a Cantinflas, quien también era productor y escritor y que murió en 1993, a los 81 años.

Con sus pantalones caídos y un pequeño gorrito torcido en la cabeza, Cantinflas era su comediante, el que interpretaba a un hombre trabajador de poca suerte y un gran corazón. Se burlaba de la riqueza y la influencia. Cantinflas le dio sentido al mundo en su estilo alrevesado.

“Nos hacía reír todo el tiempo”, dijo Arreola. “Sabías que ibas a reírte. Te hacía sentir bien”.

Arreola creció en el Barrio Viejo, cerca de El Cine Plaza, e iba a ver las películas con su mamá y su abuela, quienes se llamaban igual que ella. Ellas iban a ver a otras leyendas del cine mexicano en el Plaza, que también tenía un escenario donde se presentaban en vivo artistas musicales locales e internacionales.

De niño, yo fui a ver a Cantinflas al Plaza con mis padres. Entonces yo no entendía sus palabras locuaces, pero de adulto pude apreciar sus palabras y su comedia.

Para muchos de los que iban al Plaza, Cantinflas era el rey de la pantalla grande.

Cuando era joven, Elva Flores iba a misa los domingos en Catedral, luego a comer y después a El Cine Plaza a ver a Cantinflas, cuyo verdadero nombre era Mario Moreno. Pero donde vio por primera vez sus películas fue en Ajo, donde se crió.

“Me parecía muy chistoso. Todavía pienso en por qué usaba los pantalones tan abajo”, dijo Flores.

La nueva película, nombrada “Cantinflas: The Movie”, se centra en sus primeros años, cuando el aspirante a torero se convirtió en comediante en el escenario y su posterior papel en la película “80 días”, por la que ganó un Globo de Oro como mejor actor. También era uno de los actores mejor pagados del mundo.

La estatura de Cantinflas lo hizo algo más que un ícono para los cinéfilos mexicoamericanos que vivían al norte de la frontera. Sus admiradores estaban orgullosos de que su estrella de cine fuera conocido en todo el mundo.

“Era muy especial para la gente por lo que hizo. Le dio mucha alegría a la gente. Hablaba de la vida y le agregaba humor y giros”, dijo Flores.

Viendo a distancia sus películas, sus admiradores lo consideran el epítome de lo que un buen comediante y estrella del cine debería ser.

“Todo era pura risa, nada de disparos y matazones como ahora”, dijo Arreola.




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Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo al 573-4187 o en netopjr@tucson.com.