Aunque en la cabeza de otros puedan rondar títulos grandiosos como Metropolis (Fritz Lang, 1972), 2001: A Space Oddyssey (Stanley Kubrick, 1968, Star Wars: The Empire Strikes Back (Irving Keshner, 1980), entre otros no tan grandiosos pero sí bastante buenos como Jurassic Park, Planet of the Apes, Gravity o District 9, para su servidor sólo hay cuatro cintas que, tanto por su historia como por su aportación estética compiten en mi mente por ser la mejor película de ciencia ficción de la historia: Brazil (Terry Guilliam, 1985), The Fly (David Cronemberg,) y las dos obras maestras de Ridley Scott: Alien (1979) y Blade Runner (1982.)
Esta última, Blade Runner, aunque no tuvo en absoluto éxito en taquilla tras su estreno, con los años fue ganándose un lugar de privilegio en la historia, colocando al director Scott en el pedestal en donde está todavía por haber realizado, junto con Alien, dos de las cintas más veneradas del género.
La historia de la venerada cinta de 1982 nos presenta a Rick Deckard (Harrison Ford), un cazarrecompensas contratado para eliminar a cuatro replicantes (androides) quienes, desesperados al saber que les queda muy poco tiempo de vida, secuestran una nave espacial para ir en busca de su creador.
Memorables son los escenarios futuristas y decadentes del filme, cuya historia transcurre en 2019 en un distópico Los Ángeles; sobresalen también la belleza de Daryl Hannah y Sean Young, así como la persecución final y enfrentamiento entre Deckard y el replicante Roy Batty (Rutger Hauer), quien ejecuta un monólogo bastante profundo que aún sigue citando su enorme séquito de fans.
Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017) es la secuela del legendario filme, labor que representaba un reto serio para su realizador, a pesar de que Villeneuve ha probado una y otra vez su calidad en una serie de cintas (Incendies, Prisoners, Enemy, Arrival…) de excelente confección.
En esta nueva entrega, ubicada 30 años después de la original, el nuevo blade runner en turno es un policía de Los Angeles conocido sólo como “K” (Ryan Goslin), quien se encuentra investigando un caso que está comenzando a dejar al descubierto un secreto muy bien guardado, el cual tiene el potencial de convertir a la sociedad que les rodea en un caos.
En su complicada misión, “K” decide ir en busca de un antiguo policía de LA (ex blade runner, también) llamado Rick Deckard (Ford) para solicitar su ayuda, a pesar de que este se ha mantenido alejado de todo por 30 años.
El peligro en esta ocasión no es, como en la primera, algo menor como el riesgo que representaban los cuatro replicantes prófugos y su intención de eliminar a su creador.
En la secuela, “K” parece estar descubriendo que es la especie humana a la que estos androides están poniéndo en riesgo, por lo que deberá actuar rápido para impedir que estos se organicen y lleven a cabo su plan.
La cinta, la verdad, no sólo está a la altura de su predecesora, sino que posee cualidades propias (cinematografía, efectos especiales, guion…) para buscarse un lugar por sí misma en lo mejor que se ha hecho en el género.
Completan el elenco Jared Leto como el líder de los replicantes, Robin Wright como la teniente Joshi, Dave Bautista interpretando a Sapper Morton y las bellezas Ana de Armas (Joi) y Sylvia Hoeks (Luv).
Hasta la próxima.




