AP Foto/20th Century Fox, Ben Rothstein

En primer plano a la izquierda, Kaya Scoderlario, Dylan O’Brien, Aml Ameen y Jacob Latimore en una escena de “The Maze Runner”, que se estrena en cines este viernes 19 de septiembre.

Si el dinero va adelante, todos los caminos se abren”, escribió Shakespeare en alguna ocasión, y la frase, nadie lo duda, es una verdad probada desde que el hombre tuvo la intuición organizarse con la idea de obtener un beneficio.

Cualquier compañía u organización tiene como primer motivador ese poderoso motor que suele acompañarse muy bien por el poder, es por eso que suelo citar esta frase siempre que escucho que alguien se queja de la corrupción de las corporaciones y gobiernos actuales; siempre ha sido así (subrayo), sólo basta ver los sistemas que han movido a casi todas las civilizaciones (la china, egipcia, persa, mesopotámica, española, francesa, inglesa, azteca…), en donde el poderoso siempre ha buscado el beneficio propio a costa de lo que sea.

Hollywood, por supuesto, a pesar de ser sobre todo un gran generador de material de entretenimiento, no se queda atrás en este curioso afán, interés que ha orillado a su productiva industria a seguir cualquier moda que le demande el populo consumidor para asegurarse de conseguir lucrativas ganancias.

Una de esas tendencias actuales (si no es que la más atractiva) parece ser la adaptación de éxitos literarios dirigidos a adolescentes, sean sobre sufridos extraterrestres, vampiros seductores, lobos melancólicos o chicas deseosas de perversiones sexuales light o incluso, refiriéndonos a la cinta que nos ocupa esta semana, pubertos atrapados en una sociedad posapocalíptica.

“The Maze Runner” (Wes Ball, 2014) se une a las trilogías de The Hunger Games y Divergent en la encomiable misión de hacer más sabroso ese menú que satisfará sin duda el apetito de los lectores/espectadores adolescentes por ver héroes de su edad enfrentándose a situaciones insólitas, en este caso, jóvenes viviendo en un mundo apocalíptico cuya realidad, reglas y modos de vida ocultan algo de abrumadoras proporciones.

Mientras que la odisea de Katniss Everdeen y Tris Prior le guiñan un poco el ojo a “A Brand New World” (1931) de Aldoux Huxley y un mucho a “1984” (1947) de George Orwell, dos clásicos de la literatura que son la verdadera fuente de cualquier mundo futurista distópico surgido posteriormente, The Maze Runner, además de eso, tiene obvias referencias a la mitología griega y, concretamente, al mito del famoso laberinto de Creta y sus personajes centrales: el Minotauro, Teseo, Ariadna y Minos.

La cinta inicia con un adolescente (Dylan O’Brien) amnésico que sube por un ascensor hasta alcanzar la superficie, en donde lo recibe un numeroso grupo de adolescentes. Estando ahí, le explican que todos han llegado ahí sin recordar nada de su pasado (luego de un par de días recuerdan su nombre) y que alguien los ha colocado en medio de un gigantesco y misterioso laberinto.

La comunidad está integrada por, entre otros, el agresivo y conservador Gally (Will Poulter), el líder Alby, quien fue el primero en llegar; el mesurado Newt (Thomas Brodie-Sangster), el bonachón Chuck (Blake Cooper), un menor que se convertirá en el protegido del recién llegado, entre otros, quienes rápidamente comenzarán a notar ciertos cambios en su entorno luego del arribo del recién llegado (luego sabemos que su nombre es Thomas).

Tal vez los integrantes de la comunidad han perdido la memoria, pero tienen un talento notable para bautizar cada elemento que compone su mundo: han nombrado Grievers (Penitentes) a las criaturas que suelen salir de noche en el laberinto, llaman Runners (Corredores) a aquellos elegidos para explorar en su interior, Creadores /Creators) a quienes construyeron ese lugar y los colocaron ahí, etc.

Maze Runner es una cinta bastante aceptable, sobre todo porque sí aporta lo que promete, sin embargo, siendo sinceros, la trama recuerda mucho a “Cube” (Vincenzo Natali, 1997), cinta cuyos personajes despiertan dentro de un cubo enorme y sin saber cómo llegaron ahí. Si en la primera son las pistas que encuentran en el laberinto lo que los hace avanzar, en Cubo son los enigmas y operaciones matemáticas las que les permiten moverse por las peligrosas habitaciones movibles.

El filme (dicen los que leyeron la versión literaria de James Dashner), le hace justicia al libro, hecho que garantiza ya la producción de las dos siguientes entregas.

RECOMENDABLE por ser un producto entretenido, con notable ritmo y el buen nivel de actuación de su protagonista (O’Brien), cuya naturalidad le da a su personaje un nivel de credibilidad sobresaliente. Hasta la próxima.


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