SAN DIEGO – Ya sabíamos que la inmigración es un asunto peliagudo para los republicanos.
Les resulta difícil oponerse a la legalización de los indocumentados sin sonar antihispanos. Insisten en que sus líderes tomen un juramento de lealtad para oponerse a una “amnistía”, alienándolos de la corriente principal.
Tienen que lograr un equilibrio entre apoyar a la comunidad empresarial, que quiere más inmigración, y apaciguar al ala nativista, que quiere menos. Aun así, hechos recientes a lo largo de la frontera mexicoamericana muestran que la inmigración también hace que los demócratas metan la pata.
Consideremos el problema que le está ocasionando a Hillary Clinton. Como la presunta candidata presidencial para 2016 aprendió recientemente, navegar estas turbulentas aguas no es juego de niños.
En los últimos nueve meses, alrededor de 47 mil niños y adolescentes no acompañados entraron en el país cruzando la frontera. Según funcionarios federales de inmigración, llegan a un ritmo de mil por día. Alrededor de tres cuartos de ellos provienen de Honduras, Guatemala y El Salvador. La mayoría entró por México como polizones, en trenes de carga que van al Norte. Algunos de ellos no sobrevivieron el viaje.
Muchos estadounidenses piensan que los niños de la frontera son empujados al Norte por sus padres. Pero, en cambio, muchos de ellos son “jalados” por padres que ya viven en este país. Fueron enviados por abuelos, tías, tíos. Aquí, en Estados Unidos, se reúnen con sus padres.
Sin embargo, Clinton dijo en forma simplista durante una reciente entrevista en CNN que estos jóvenes “deben ser enviados de vuelta”, porque “debemos enviar un mensaje claro: El hecho de que su hijo cruce la frontera, no significa que se vaya a quedar”.
¿Significa esto, entonces, que vamos a ir a esa casa en que una familia se ha reunido para arrancar al niño de los brazos de sus padres?
Los latinos de Estados Unidos comprendieron el mensaje. Clinton —que inició su carrera en el Children’s Defense Fund y a quien le gusta considerarse como una defensora de por vida de los niños— no defenderá a estos niños, ni abogará por ellos.
Con su brusco mantra de “envíenlos de vuelta”, Clinton se olvidó de lo mismo que muchos republicanos olvidan a menudo: toda solución para el problema de la inmigración que quepa en una pegatina para el paragolpes del coche no constituye un enfoque acertado.
Es interesante que, minutos antes de decir que los niños de América Central deben ser deportados, Clinton dijo que deportar a personas y “dejar a sus niños solos o deportar a un adolescente … simplemente, no tiene sentido”.
Lo que realmente no tiene sentido es que Clinton trate de serlo todo en el tema de la inmigración, esforzándose —en la respuesta a una sola pregunta— por ser bondadosa y al mismo tiempo dura, y en ese proceso destruyendo su posición en el asunto.
Clinton también dijo que bajo el presidente Obama las deportaciones estaban disminuyendo. Ese comentario fue inmediatamente refutado por United We Dream, un grupo de defensa de los derechos de los inmigrantes, que dio a conocer una declaración expresando que “contradecía las realidades que enfrentan muchas de nuestras familias”.
Eso es poniéndolo suavemente. Clinton parece estar usando como modelo para su enfoque del asunto de la inmigración la gestión de su marido, que fue un desastre. Como presidente, Bill Clinton aceleró las deportaciones, firmó una ley de inmigración que facilitaba la deportación de individuos y entorpecía su regreso, y militarizó la frontera EE.UU.—México al sur de San Diego mediante Operation Gatekeeper.
Los medios sociales estallaron en llamas con críticas latinas a Clinton. Pareciera que muchos de ellos esperan que ella maneje el asunto de la inmigración con más compasión que la de Obama en los últimos cinco años. Eso obviamente, no ocurrió.
Mientras tanto, el gobierno de Obama está en una modalidad totalmente restriccionista. El Departamento de Seguridad del Territorio recientemente anunció que iba a proporcionar jueces, funcionarios de asilo y abogados de inmigración adicionales para acelerar las deportaciones en la frontera. Durante una visita a la Ciudad de Guatemala, el vicepresidente Biden anunció: “No hay ningún pase gratis. … Ningunos de estos niños ni mujeres que traigan niños serán elegibles (para la ciudadanía) bajo la ley actual en los Estados Unidos de América”.
Sólo semanas después de que Obama la caracterizara como una “urgente situación humanitaria”, parece que el gobierno tiene intenciones de enviar de vuelta a estos desventurados niños a los oscuros y desesperados lugares de donde vinieron.
Que es lo que Hillary Clinton piensa que debemos hacer. Quizás tenga razón, pero no es muy humanitaria que digamos.




