SAN DIEGO — Después de la peor matanza a tiros en la historia moderna de Estados Unidos, y lo que parece ser el último ataque de un militante islámico en tierra estadounidense, es esencial que los estadounidenses conozcamos a nuestros enemigos. Tenemos dos: la niebla y el ruido.
La niebla es lo que crean los políticos para impedir que los estadounidenses veamos lo que ellos no desean que veamos. Prefieren que nos concentremos en narrativas que los benefician y que perjudican a sus adversarios.
El ruido es lo que generan los medios para llevar la discusión hacia lo que ellos creen que son los problemas reales y lejos de los ángulos de la historia que hacen que los anunciadores se estremezcan. Los reporteros no tienen problemas en hablar del hecho de que hay demasiadas armas de fuego en Estados Unidos, pero se cuidan de señalar que un atacante que es musulmán también es ciudadano estadounidense.
Hay muchas cosas que pondrán incómoda a la gente en la historia de cómo Omar Mateen, de 29 años, agarró un rifle semiautomático, entró en un club gay en Orlando, el domingo a la madrugada, y acribilló a docenas de individuos -matando a 49 e hiriendo a 53 más.
Por ejemplo, Donald Trump no quiere hablar sobre la facilidad que tienen los estadounidenses para comprar armas de nivel militar para matanzas masivas, ni sobre cómo la masacre ilustra que la homofobia puede contribuir a producir una tragedia nacional.
En lugar de eso, Trump crea niebla, implicando que el presidente Obama quizás sepa algo más sobre estos actos, que oculta del pueblo estadounidense. Durante una entrevista con Fox News, Trump dijo: Obama “no comprende. O lo comprende mejor de lo que nadie comprende”.
Mientras tanto, Obama y otros demócratas parecen pretender que no hay una guerra contra los militantes islámicos. Y, por tanto, no tienen interés en invitar al pueblo estadounidense a una discusión incómoda, pero necesaria, sobre si la carnicería de Orlando -junto con el ataque contra oficiales de policía por un simpatizante del Estado Islámico en Francia, el bombardeo en Bruselas en marzo; el ataque a la fiesta de fin de año en San Bernardino en diciembre; y los asesinatos en todo París en noviembre- es parte de un ataque global masivo de militantes islámicos, cuya intención es matar a infieles dondequiera que los encuentren.
En lugar de eso, los demócratas crean niebla, indicando que, principalmente, se trata de las armas de fuego y el innegable control bajo el que la National Rifle Association tiene al Congreso. También están ansiosos por hablar de la necesidad de aumentar la tolerancia y lograr que los crímenes de odio contra la comunidad de gays y lesbianas disminuyan, pero tienen aprensión sobre promover más odio y violencia contra los estadounidenses musulmanes.
Es una posición difícil para la izquierda. Sería más conveniente si el asesino perteneciera al Tea Party. Hay que sentirse mal por los liberales que quieren adoptar una posición contra la homofobia, pero no quieren contribuir a la Islamofobia.
Pero también es una situación difícil para la derecha. Es surrealista escuchar a Trump decir que los que están fuera de Estados Unidos nos “odian” cuando él, en este año pasado, ha hecho tanto por incitar el odio contra tantos grupos de personas dentro de Estados Unidos.
Después de todo, era una “Noche Latina” en el club de Orlando y muchos de los fallecidos tenían apellidos tales como Sotomayor, Almodóvar, Martínez y Velázquez. ¿No ha sufrido lo suficiente esta comunidad de estadounidenses? ¿Es el nuevo mensaje a los latinos: Si Trump no los caza, un terrorista lo hará?
Estos individuos ya estaban en la periferia de la experiencia estadounidense; Trump y otros conservadores ya les habían dicho que su lealtad estaba dirigida a los países de donde sus padres y abuelos emigraron, y que no eran estadounidenses reales.
Mateen no lo vio de esa forma. Esas víctimas eran estadounidenses reales para él. Suficientemente reales para matarlos como símbolos de un país con el que el Estado Islámico está en guerra, ya sea si la mayoría de los que viven en ese país se da cuenta o no.
¿Qué tal si dejamos de ser trabajadores sociales internacionales e ingenieros sociales, que tratan de construir la sociedad más ilustrada del mundo, y nos concentramos en la verdad?
Los estadounidenses deberían ser sordos, mudos y ciegos para no escuchar el mensaje que se envía desde los oscuros rincones del Medio Oriente. Después de la masacre de Orlando, un vocero del Estado Islámico llamó a Mateen “uno de los soldados del califato en Estados Unidos”.
No miren ahora, pero la niebla podría estar levantándose.




