Cuando la mancuerna González Iñárritu/Arriaga llegó a su fin luego de exitosos años de colaboración, los que disfrutamos de su famosa “Trilogía de la Muerte” (o del Amor, como le llama el propio Arriaga), compuesta por “Amores perros” (2000), “21 Grams” (2003) y “Babel” (2006), en el fondo lo que más nos picaba era la curiosidad de saber quién de los dos probaría ser el más sabroso.
Recordaremos que fue en el rodaje de Babel y las entrevistas de promoción donde comenzaron a surgir los pleitos, los chismes y las inconformidades; por un lado, un Arriaga celoso del asunto de la autoría (el guionista suele recibir poco o nulo reconocimiento) reclamaba compartir créditos en la frase “Una película de…”; por el otro estaba un Iñárritu molesto y acusando de egoísta al autor de sus historias.
El primero en hacer su propia película luego de la ruptura fue Arriaga, con la bastante aceptable “The Burning Plain” (2008), en la cual, en mi opinión, no se sintió para nada la ausencia de Iñárritu: las historias entrecruzadas estaban ahí, así como las complejidades de la trama y las actuaciones en buen nivel.
Dos años después Iñárritu respondió con “Biutiful” (2010), una cinta que, todo lo contrario, sí resintió la no participación de Arriaga, con una trama que intentó repetir al calce la estructura, las atmósferas soporíferas y miserables de su famosa trilogía (aunque aquí se sienten artificiales y recargadas), pero con actuaciones e historias que no alcanzaron a cuajar, con todo y que Javier Bardem haya sido reconocido en Cannes.
Sin embargo, con el paso de los años, las cosas están comenzando a aclararse: Iñárritu, como casi todos los buenos directores de cine, posee los atributos necesarios para seguir activo en la industria: empuje, ambición y talento. Tal vez no sea capaz él solo de escribir una buena historia para prepararla y pulirla, pero sí lo es de identificarla, adueñarse de ella y levantar el proyecto para materializarlo en la pantalla grande.
Es así como, a pesar de su probado talento, Arriaga ha hecho sólo tres o cuatro cortometrajes e impartido conferencias o cursos de guionismo (yo mismo asistí a uno, y es muy bueno), mientras Iñárritu estrena “Birdman” (2014), un llamativo filme que ha recogido muy buenos comentarios en los pocos lugares en que se ha exhibido.
Para subrayar el punto en cuestión, basta decir que, además de lo anterior, “El Negro” ya está rodando “The Revenant” (para estrenarse en 2015), con Leonardo DiCaprio y Tom Hardy en el protagónico, y prepara la serie de televisión “The One Percent”, con Hilary Swank y Ed Harris también para el siguiente año.
“Birdman (or The Unexpected Virtue of Ignorance)”, su más reciente trabajo, cuenta la historia de Riggan Thomson (Michael Keaton), un actor pasado de moda y en plena decadencia que añora los tiempos de fama que vivió cuando encarnó en cine a un superhéroe llamado Birdman. Ansioso por recuperar algo de su antigua gloria, Figgan decide regresar a escena con una obra de teatro en el mismísimo Broadway.
Pero las cosas para el retirado actor comienzan a complicarse por varias razones; primero, porque la presión es mucho mayor a la que esperaba y aumenta entre más se acerca la fecha de estreno; segundo, porque su ego malherido le está comenzando a hacer una mala jugada; tercero, porque está tratando de recuperar a su antes desatendida familia y, por último, porque en plena inestabilidad emocional, con su cordura puesta al límite, podría encontrarse a sí mismo por primera vez en su vida.
La cinta, además de presumir de un buen diseño de producción y vestuario (el traje de Birdman es espectacular), pone a la discusión algunos temas interesantes: actor versus celebridad, realidad versus fantasía, ser real (Riggan) versus álter ego (Birdman), entre otros. Completan el elenco Emma Watson, Edward Norton, Naomi Watts y un sorprendente Zach Galifianakis.




