Hay anécdotas reales tan sorprendentes que lo más probable es que le queden grandes a casi cualquier intento de adaptación cinematográfica, por más empeño (o dinero) que se haya puesto en adaptarla a la pantalla grande.

Lo anterior se puede aplicar perfectamente a la tragedia ocurrida a los 33 mineros chilenos que, tras un aparatoso derrumbe al estar trabajando en el interior de una mina, quedan atrapados por 69 días, provocando con ello el sufrimiento de sus familiares y la tensión del mundo entero.

La difícil misión de convertir en película este reciente y asombroso episodio chileno ocurrido en la provincia de Copiapó, en pleno desierto de Atacama, corrió a cargo de la mexicana Patricia Riggen, una directora oriunda de Guadalajara, Jalisco.

Recordemos que la cineasta se dio a conocer con una exitosa película titulada “La misma luna” (2007), una obra que, a pesar de ser abiertamente lacrimógena, consiguió ser bastante entretenida, por lo cual tuvo muy buen recibimiento entre el público hispano de Estados Unidos, dejando, además, la mesa puesta para que tanto Kate Del Castillo como Eugenio Derbez hicieran de las suyas en pequeños papeles en algunos proyectos hollywoodenses.

Ya con cierto nombre y el apoyo de una productora importante, Riggen pudo elegir a un elenco que, aunque no es de primera, sí se oye bastante decente, teniendo como principal figura a Antonio Banderas y secundado por Rodrigo Santoro, James Brolin, Lou Diamond Phillips, Gabriel Byrne, Mario Casas, Tenoch Huerta, Adriana Barraza, Kate Del Castillo y hasta la mismísima Juliette Binoche.

La trama es de dominio público: 33 mineros atrapados en lo profundo de una mina (a 73 metros de profundidad), sin comida ni agua y unos familiares que deben presionar al gobierno para que tome acciones en el asunto, luego de que la empresa transnacional prefiera dar por muertos a sus empleados que emprender los costosísimos trabajos de rescate.

El filme se parte en dos: la desesperación y angustia que viven los familiares de los mineros (todo el pueblo, de hecho, se mudó a las afueras de la mina) y la lucha por la supervivencia de los atrapados, quienes deben racionar las mínimas provisiones con las que cuentan para sobrevivir mientras luchan por conservar la esperanza de ser rescatados.

La cinta tiene más o menos los mismos atributos/pecados a los que Riggen recurrió en La misma luna: diálogos melosos, escenas lacrimógenas, discursos emotivos y actuaciones exaltadas, mismas que se acomodan muy bien en el género y que suelen provocar el efecto buscado.

Sobra decir que no se va a nominar a Banderas por este trabajo (ni por ningún otro) ni a Santoro ni a Binoche, aunque el producto sea, eso sí, cumplidor en lo que buscaba conseguir: una que otra lágrima, festejos y hasta aplausos contenidos.

Como la anécdota queda el dato curioso de que los personajes importantes (incluidos los propios mineros chilenos) fueron encarnados por actores de todas las nacionalidades, ¡menos chilenos!: Banderas y Casas son españoles, Diamond Phillips y Brolin son norteamericanos, Santoro es brasileño, Barraza, Del Castillo y Huerta son mexicanos, Byrne es irlandés y Binoche es francesa.


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