Más allá de que los debates presidenciales son chabacanería disfrazada de confrontación de ideas cada vez más, el hecho es que ahí están y no podemos dejar de observarlos. Es así que el de este pasado lunes arrojó a Hillary Clinton como vencedora indiscutible del primero en la serie de este ciclo electoral 2016.
No es que se necesite ser un dechado de conocimientos en políticas públicas o ser demasiado carismático para vencer a un tipo como Trump, que carece tanto de una como de otra cualidad, pero hay bastante qué reconocerle a Hillary Clinton.
Habrá quien diga que no fue un triunfo “suficientemente contundente”. Tal vez eso sea verdad, dada la enorme disparidad en experiencia, conocimientos y capacidad de comunicación oral entre uno y otro (¿cuántas veces habrá Trump, en su paupérrimo vocabulario, utilizado la palabra “tremendo”?). No lo fue por el enorme esfuerzo que se aprecia por parte de la campaña de Clinton para que ésta no pasara como arrogante, petulante, déspota o de plano agria, un problema que ciertamente ha tenido durante toda su vida pública.
El manejo de su expresión facial fue magistral. Su mirada fue todo el tiempo sólo lo suficientemente irónica para decirnos “¿Este bruto pretende ser Presidente de Estados Unidos?”, sin, de nuevo, verse demasiado burlona o cínica.
Las barbaridades que Trump regurgita son tantas y de tales dimensiones que si alguien lo enfrentara sólo atendiéndolas y aclarándolas, sencillamente no tuviera tiempo de exponer ningún punto propio. Por eso pareciera que sus rivales no pueden contrarrestarlas. ¡Hay que escogerlas!
Hillary Clinton demostró que a pesar de sus negativas actitudes que con frecuencia despliega, y a pesar de tanto “equipaje” que carga, una parte real, otra parte fantasía republicana, está más que calificada para ser Presidente. Pésele a quien le pese. Si sus políticas, ciertamente a ratos bastante liberales, pero jamás “socialistas”, como el torpe radicalismo de derecha frecuentemente se refiere a ellas, gustan o no, eso lo dirá el votante en noviembre.
El debate lo que hizo, por si acaso pudiera quedar alguna duda, es mostrar con claridad, por enésima ocasión, la atroz ignorancia y las inexistentes cualidades de líder de Donald Trump. Hillary Clinton tiró el cebo, al principio con mucha discreción, y fue atrayendo a Trump paulatinamente hasta que éste se vio de nuevo lanzando peroratas simplonas que no lo llevaron a ninguna parte. ¡Pensar que Trump todavía presume de que “no se preparó mucho” para el debate!
El moderador Lester Holt estuvo muy mal, para acabar pronto. A veces parecía que ya se había retirado del evento. Por otro lado, es verdad que interrumpió (muy tímidamente, por cierto, y sin autoridad alguna) más a Trump que a Clinton, pero los que plantean esto como algo injusto deberían notar que era Trump quien arrebataba más la palabra a Clinton y quien se alejaba más en sus respuestas del tema que se le había planteado. Así de sencillo, con un mejor moderador se hubiera disciplinado más notoriamente al Donald. Creo que al final, éste ganó con el mal papel de Holt.
Clinton no perderá votos con su desempeño, al contrario, pudiera ganar algunos de entre los votantes indecisos.
Cierto es también que Trump posiblemente no perderá votantes, ya que sus seguidores, de los cuales la mitad pertenece a esa “canasta de deplorables”, según Clinton, funcionan en base a emoción, difícilmente en base a razón. Sin embargo, no veo como muy probable que Trump haya convencido a muchos votantes hasta esa anoche indecisos y que querían verlo en acción en el foro más importante de la campaña hasta ahora.
Lo que es cierto es que si Clinton maneja el siguiente debate del 9 de octubre en St. Louis, Missouri, como lo hizo con el primero, tal vez estaría amarrando la Presidencia de una vez por todas.
Debe seguir una estrategia similar, firme pero mesurada, lanzar anzuelos hasta que Trump comience a picar, seguro lo hará, y esperar el dislate ideal de éste para contragolpearlo, ahora sí en forma más demoledora, para decirlo en términos futboleros. Ese KO es lo que no llegó el lunes, pero creo Trump se está buscando uno al ni siquiera prepararse un poco mejor.
No hay que quitar el dedo del renglón con su declaración de impuestos que no presenta, así como con las tantas razones que hay para sospechar de sus vínculos con el gobierno ruso. Probablemente este último tema sea más adecuado para ser manejado por el equipo de Clinton, infinitamente superior al de Trump, por cierto, y que a partir del martes volvió a controlar la dinámica de una campaña que se le había vuelto un tanto elusiva.
Cierro con lo que me parecen las palabras más reveladoras de Trump en el debate. Dirigiéndose a Clinton y refiriéndose al presidente Obama: “Tu presidente”. ¿Se necesita agregar algo más?




