A.E. Araiza / La Estrella de Tucsón

Los participantes de The Spirit of Movement se mueven al compás de la música para dejar fluir su espiritualidad en Square Dance Center, 613 E Delano St.

Por Stephanie Innes

La Estrella de Tucsón

Es domingo por la mañana en Tucsón. Las luces están apagadas, el aire frío y la gente bailando.

Algunos se mueven como bailarines de ballet, otros son más aeróbicos. Una mujer baila con su andadera, otra está acostada en el suelo.

Nadie está hablando en la pista de baile de este grupo cada vez más grande llamado The Spirit of Movement, que por lo general atrae hasta a 60 personas desde adultos jóvenes a adultos mayores.

En lugar de hablar, esta reunión se trata del movimiento en una variedad de música durante dos horas seguidas. Algunos participantes dicen que es algo espiritual, otros dicen que es algo físico. Muchos dicen que es ambas cosas.

La creadora de The Spirit of Movement es Sandra Morse, una experta local en comunicaciones que se inspiró tras conocer el movimiento de meditación llamado “5Rhythms” (5 Ritmos) mientras estaba en un taller en California. Ella señala que tiene beneficios tanto físicos como emocionales.

El aspecto físico, efectivamente, no hace daño. Un estudio publicado en marzo en el Journal of Alzheimer’s Disease dice que la actividad física regular, incluida el bailar, puede reducir el riesgo del Alzheimer en el envejecimiento.

Y los efectos de la meditación, la oración y las prácticas espirituales están siendo estudiado actualmente en el Centro para la Medicina Integral de la Universidad de Arizona, dirigido por la renombrada investigadora en la relación mente-cuerpo, la Dra. Esther Sternberg.

Sternberg está utilizando el rigor científico para demostrar cómo el estrés enferma a la gente y la forma en que actividades como la oración y la meditación disparan reacciones en el cuerpo que le hacen bien.

No hay forma de hacerlo mal

El profesor Tracey Osborne y su pareja Sapana Doshi, también profesora de la UA, han estado yendo a The Spirit of Movement durante el último año y medio. Las sesiones semanales empezaron en noviembre de 2014.

“No hay limitaciones. Podrías estar en una silla”, dice Osborne. “Puedes ser auténticamente tú mismo”.

Tanto Osborne como Doshi son enérgicos en el piso de baile y tienen una sensación de placer asociado al entrenamiento riguroso.

“Es el momento en que me reseteo de una semana de trabajo, negocio la salida de la locura”, dice Doshi. “No hay forma de hacerlo mal”.

Dice que después de dos horas, ella siempre siente una ligereza emocional, quizá por las endorfinas. Las endorfinas son una sustancia química que el cuerpo libera durante el ejercicio y que se asocian a sentimientos positivos.

Pero no se trata sólo de hacer ejercicio. Doshi dice que hay una falsa dicotomía entre la mente y el cuerpo, pero la realidad es que están sumamente conectados.

“Se trata de reconectarnos con nosotros mismos, con nuestros cuerpos, y hacerlo con otras personas. Es edificante e inspirador”, dice.

Una vez que la gente empieza, tienen dificultades para parar, dice Melanie Cooley, quien está empezando un programa de entrenamiento del movimiento para obtener la certificación en 5Rhytms. Cooley dice que cree que ella será la primera persona en Arizona en estar certificada en esa práctica, y espera después dar clases en la ciudad.

Lenguaje corporal

5Rhythms fue desarrollado por la ya fallecida bailarina y música Gabrielle Roth como una práctica pensada no sólo como ejercicio físico sino para despertar la creatividad y la conexión con la comunidad.

Al conocer 5Rhythms, Morse pensó en la conexión entre la comunidad de Tucsón y la forma típica en que los norteamericanos han meditado u orado, sentados de forma pasiva. Poner a la gente en movimiento colectivo los domingos por la mañana parecía una buena alternativa.

Sin embargo, The Spirit of Movement no es una clase de 5Rhythms ni una práctica oficial del método de Roth, sólo está basado en su idea. El esposo de Morse, Michael Morse, es el DJ, y programa música que va desde Celtic a reggae a Brandi Carlile.

Las sesiones dominicales inician a las 10:30 a.m., lentamente. De vez en cuando, la gente se sienta a los lados para tomar un poco de agua.

La música se va acelerando, y para las 11:30 a.m. mucha gente se mueve rápido, algunos de ellos saltando vigorosamente. Poco después de las 12 la música empieza a bajar, y para las 12:30 la mayoría de la gente está en el piso.

Al final, lo participantes hacen un círculo y se toman de las manos. Algunos veces dan algún anuncio breve y dan la bienvenida a los nuevos participantes. A pesar de que hay muy poco intercambio de palabras, quienes asisten dicen que han formado una comunidad.

“El daño fundamental en nuestra cultura es la separación entre mente y cuerpo. Aquí se halla una forma de integrarlo”, dice Cooley. “Nuestras palabras y los convencionalismos forman una barrera. Aquí, unos y otros se conocen por su presencia”.


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