María Leyva abrió la ventana. Estaba callada, pensativa. Podía sentir y oír a su hermana, Dolores A. Flores, quien murió hace ocho años.
“Mi hermana siempre tuvo el deseo de ayudar a la gente”, dijo Leyva mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de recuerdos. “Aún me pongo sensible”.
Flores era sanadora, hierbera. En su comunidad, los yoeme, era curandera, una sabia mujer que conocía los poderes curativos de las hierbas, las raíces y las plantas.
Flores aprendió el viejo estilo de su madre, quien a su vez aprendió de su madre. Y Flores también aprendió de la medicina occidental.
Por su trabajo en las comunidades yaquis, la Clínica de Medicina Alternativa en Pascua Nueva, en South Camino del Oeste, fue nombrada en honor a Flores el jueves 23 de octubre. Es un tributo apropiado para una mujer que trabajó para mejorar la salud física y mental de los miembros de su comunidad.
La hija de Flores, Rosa Mendoza, analista del Departamento de Salud de Pascua Yaqui, dijo que su mamá fue por mucho tiempo responsable de crear el programa de medicina alternativa. Los yoeme en el sur de Arizona, largamente separados de los yoeme en Sonora, México, habían ido perdiendo a través de los años sus formas tradicionales.
Flores cambió eso.
“Estaba determinada. Estaba enfocada”, dijo Mendoza sobre su madre, quien murió a sólo dos días de su cumpleaños número 65, en el 2006.
La educación de su madre inició siendo niña, creciendo junto a sus cuatro hermanos en el enclave yaqui de Barrio Libre, en Sur Tucsón. Asistió a la Primaria Ochoa, y en su casa adquirió los probados y verdaderos métodos de curación de su madre y de su abuela paterna, María Carlota Álvarez Tapia, a quien llaman “haaka”, que en yoeme significa abuela.
Haaka nació en el área de Yuma en los años 1800. Fue una de las muchas yoeme que salió de México a causa de la persecución de los yaquis. Además de ser curandera, la haaka de Flores era partera acreditada, quien recibió aquí a más de 50 bebés, dijo Mendoza.
Flores acompañaba a su haaka, quien iba a casa de personas enfermas o a punto de dar a luz. Flores observaba. Escuchaba. Ayudaba.
Cuando Flores iba a la preparatoria, dejó la escuela para trabajar y apoyar a su familia. Hacía trabajo doméstico. Después nacieron sus hijos.
Mientras se esforzaba como una joven madre criando a su familia, Flores se llevó a sus hijos a Phoenix, donde se inscribió en un programa de enfermería. Flores entendió la importancia de la salud. A principios de su tercera década, fue diagnosticada con lupus y después desarrolló artritis, dijo su hija.
A pesar de sus problemas económicos y de salud, dijo Mendoza, su mamá puso a cada uno por encima de ella.
“Ella era un hueso duro de roer”, dijo la hermana de Flores.
Después de la escuela de enfermería, Flores y sus hijos volvieron a Tucsón. Obtuvo el equivalente a un certificado de preparatoria e ingresó al Colegio Comunitario Pima.
Flores seguía en busca de su vocación.
Cinco años después de que su amada haaka muriera a los 94 años de edad, en 1992, Flores entró a trabajar al Departamento de Salud de Pascua Yaqui. Se unió al programa de Medicina Alternativa.
Flores habría usado miles de años de conocimiento para llevar remedios holísticos y alivio a muchos. Habría aplicado ungüentos o destilado hierbas en agua para beber. Usó aceites y mezclas que le enseñó su haaka.
También trató a sus pacientes con palabras, educando a la gente sobre cómo mejorar su alimentación con plantas y alimentos naturales. Flores también viajó a Sonora para consultar a otros sanadores, y con el tiempo volvió con los curanderos y curanderas a Pascua para sanar y transmitir los conocimientos.
Mendoza dijo que su mamá, a pesar de su propia enfermedad, rara vez faltaba al trabajo en la clínica.
Su madre, quien fue reconocida a nivel nacional e internacional, era también diligente a la hora de documentar su conocimiento y su trabajo, con el deseo de que otros puedan aprender y continuar su trabajo inspirado a lo largo de los siglos.
Pero a pesar de su diligencia, Leyva -quien enseñó yoeme durante nueve años en el Colegio Pima, inició el programa de Desarrollo del Lenguaje para la nación Pascua y sirvió como ex directora de salud- desdeñó la atención a sí misma, dijo su hermana.
“Eso es ser un verdadero yaqui”, dijo Leyva.




