Ernesto Portillo / La Estrella de Tucsón

Tito Carrillo viajó por décadas a comunidades indígenas del norte de México y realizaba una labor que combinaba el comercio de artesanías con la ayuda social a esos pueblos. Sus viajes se han reducido, pero su corazón pochteca, como el de aquellos comerciantes aztecas, se mantiene fuerte.

En el mundo de los aztecas, los pochtecas tenían una posición venerada. Los pochtecas eran comerciantes que viajaban por el imperio mesoamericano y más allá intercambiando bienes.

Los comerciantes eran valorados no sólo por las mercancías que traían de regreso sino por el conocimiento sobre otras personas y sus costumbres, información que compartían con su gente.

Tito Carrillo es un pochteca contemporáneo.

De sus viajes a pequeños pueblos indígenas de Sonora, Chihuahua y otros estados de México, Carrillo regresó con obra artística. Pero lo más valioso es la amistad que hizo con artistas, bailarines y gente que acepta a Carrillo como uno de ellos.

Y por más de 30 años, Carrillo presentó a personas mayas, yaquis y tarahumaras con tucsonenses. Desde Chihuahua, Carrillo trajo cerámica de Mata Ortiz. Del Sonora profundo trajo artesanías mayas, y de la tierra de los yaquis, a lo largo del Río Yaqui entre Guaymas y Ciudad Obregón, ayudó a que bailarines pascolas se reunieran con sus primos en las comunidades yoeme de Tucsón, en el Viejo y Nuevo Pascua, en el Barrio Libre de Sur Tucsón y en Marana.

“Ellos vieron que mi corazón estaba con ellos”, dijo Carrillo.

De 79 años cumplidos en octubre, Carrillo tiene problemas de salud, pero su espíritu se mantiene fuerte. La mañana del 24 de diciembre los visité a él, a su esposa, Elma, y a su hijo Pablo en su casa, cerca de Ajo Way y la Interestatal 19.

Fue a principios de los ocentas que Carrillo empezó a viajar a México. Su historia y su cultura le habían interesado desde muchos años antes.

Había crecido en Tucsón en el seno de una gran familia mexicoamericana, pero su espíritu indígena lo llevó a explorar más allá de su mundo en su camioneta azul, a la que afectivamente llamaba la Tortuga.

Como resultado de sus viajes, Carrillo y su esposa, y después con su hijo, empezaron a vender arte indígena en Tucsón e iniciaron una agencia de viajes que llevaba visitantes a Mata Ortiz. Conforme creció la popularidad de Mata Ortiz, Carrillo llevó la cerámica a la Costa Este y a Nueva Inglaterra.

La relación que Carrillo tenía con la gente de los pueblos mexicanos no era en un solo sentido. Les llevaba ropa y juguetes a los niños. Ayudaba como podía.

Su hijo, maestro de educación especial en la comunidad Tohono O’odham al sur de Sells, dijo que él describe el compromiso de su padre con los demás mediante las palabras del líder campesino César Chávez:

“Verdaderamente creo que sólo dando recibimos de verdad”, dijo Pablo.

Aun antes de que Carrillo empezara sus excursiones culturales a las comunidades indígenas mexicanas, él estaba muy involucrado con la comunidad yaqui en Sur Tucsón.

En los setentas, Carrillo trabajaba en el Consejo del Área de Safford como parte del programa de Ciudades Modelo, un esfuerzo por erradicar la pobreza que dejaron los años sesentas. El propósito del consejo era representar y ayudar a las familias de bajos ingresos de Sur Tucsón y gente de los barrios de Tucsón.

Pero las familias yaquis que vivían en el área del consejo eran ignoradas, dijo Carrillo. Él trabajaba por cambiar eso organizando a las familias yaquis y dándoles una lugar en la mesa.

Más o menos al mismo tiempo, ayudó a la comunidad yaqui a conservar su pequeña capilla en West 39th Street bajo el intercambio de las carreteras Interestatales 10 y 19. Se le debían devoluciones de impuestos a La Capilla de San Martín de Porres, un sitio importante para la comunidad yaqui de Barrio Libre, donde se realizaban las sagradas ceremonias de Cuaresma.

Los días de Carrillo como organizador también se relacionaron con el Proyecto PEPP, un programa de defensa rural en Tucsón en apoyo al Sindicato de Trabajadores Agrícolas Unidos.

Su trabajo en los barrios de Tucsón se hacía un poco más fácil porque Carrillo prácticamente conocía a todos, creció en South Convent Avenue, justo al sur de Cuching Street. De más joven trabajó con su papá, Emilio Carrillo, quien era propietario de Cactus Cleaners. Tito manejaba el camión de la lavandería, recogiendo y entregando ropa de los clientes en los barrios y fuera de ellos.

Su abuelo, Tito Flores, también era muy conocido en el viejo barrio del centro. Era dueño de la Farmacia Flores, en South Meyer, en el viejo barrio que fue derribado para la renovación del centro a finales de los sesentas.

Los viajes de Carrillo se han reducido, pero se mantiene involucrado en grupos locales que promueven la cultura y patrimonio de Tucsón. Y sigue extendiendo su mano amiga donde puede ayudar. Sigue siendo un corazón pochteca.

“Soy un ciudadano del mundo”, dijo Carrillo.


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Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al 573-4187.

En Twitter: @netopjr.